1. El que la sigue, la consigue


    Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos

    ... hacia ella. Pero no lo hizo! No, no lo hizo; o, al menos, a mí nunca me llegó comentario alguno de mi esposa.
    
    Por entonces yo no me atrevía más que a eso y apenas tenía ideadas las siguientes acciones. Todo eso me excitaba mucho: decidir el momento, elegir un slip (los tenía de dos clases: color beige muy transparentes que humedecía un poco antes de colocármelos para que transparentaran aún más mi muy negro y superabundante bosque, y otros de color blanco, realmente pequeñísimos). Colocármelo muy ajustadito, espiar que mi mujer no se enterara y ponerme delante de mi suegra con cualquier pretexto banal pero con la intención de exhibir mi cuerpo casi desnudo ante ella. Por supuesto que cuando me acercaba me había sobado bien la verga previamente para presentársela descaradamente voluminosa, ostentando mi paquete a través de la fina tela de mi prenda más íntima. En ocasiones, estando cerca de ella me metía la mano, como distraídamente, con espontaneidad, por dentro del slip y me la tocaba o me la cambiaba de posición –de izquierda a derecha, o viceversa -de forma ostentosa, exhibicionista, mientras le comentaba cualquier cosa sin importancia. Si era invierno, me abría la abertura anterior del pantalón del pijama para que se me viera bien la mata de pelo negro o dejaba mis huevos fuera del pantalón, colgando distraídamente.
    
    Por entonces me había comprado un par de calzones abiertos por delante y con botón en medio para cerrar la abertura. En verano dormía solamente con ...
    ... esa prenda. Yo siempre me levantaba media hora antes que mi mujer y nada más hacerlo hacía una visita –ya rutinaria—a la cocina, donde encontraba a Elvira de forma infalible. Cuando me dirigía hacia allí me desabrochaba el botón del calzoncillo y me separaba bien los lados de la tela para mostrar obscenamente la abundante pelambrera púbica de mi intimidad. Había que ver la cara que ponía, cómo le cambiaba el rostro y se alteraba cada vez que esto ocurría...!!! Pero yo no me cortaba y aguantaba mi propio pudor y mi vergüenza: nadie nace sabiendo, nadie nace atreviéndose. Saludos y banalidades de rigor y al poco cada uno a lo suyo, que aquí no ha pasado nada.
    
    Al poco se me ocurrió descoser los botones de ambos calzones para evitar la tentación de abrochármelos y comprometerme más a mí mismo si cabe a continuar con mis exhibiciones. Todos somos mirones y exhibicionistas, unos más otros menos. Yo no entiendo a los exhibicionistas callejeros pero sí a los caseros, jejeje... Pues bien, a los pocos días me encuentro con que mi suegra -que era quien lavaba nuestra ropa, la planchaba, guardaba, etc.- ha cosido los botones de nuevo. Bien, me dije, si quieres guerra la vas a tener. Cogí unas tijeras y volví a descoserlos para enviarle un mensaje sin palabras pero muy definido: quiero las aberturas de esos calzoncillos sin botones para poderte enseñar más cómodamente todo lo que el día que yo juzgue conveniente va a ser tuyo, muchacha!!! Nunca más volvió a coser esos botones. No sé si ...
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