-
El que la sigue, la consigue
Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos
... empezaba a aceptar pero estoy seguro de que empezaba a comprender que mis insinuaciones, descaros sexuales y provocaciones eróticas no iban a cesar ni un ápice. Un día me senté a desayunar en pijama a la misma mesa en que ella estaba sentada cosiendo no sé qué prenda, metí la mano por debajo y me saqué la polla para hacer como que me daba la masturbación muy despacito: ella no podía vérmela lógicamente pero sí los movimientos lentos, definidísimos y muy ostentosos de mi brazo por el lateral de la mesa pues estaba sentada a menos de un metro de mí. Enseguida se percató -hasta un ciego lo hubiera percibido ¿cómo no?- y se fue para la cocina. Luego fui yo hasta allí y le pregunté por qué se había marchado tan de repente. Me contestó que había ido a buscar una receta de cocina. Pero ella y yo sabíamos que lo había hecho a causa de mi provocación tan descarada. Recuerdo también que ella un día estaba midiendo sobre el suelo de una habitación ciertas telas para unas cortinas y me pidió que le ayudara. Ella, que llevaba unas faldas muy holgadas, estaba de pie pero se agachaba continuamente para colocar, hacer dobleces y mediciones. Fui a buscar un pequeño espejo de mano y, procurando que no se apercibiera, se lo iba poniendo por detrás y por debajo para verle bien los muslos y las bragas. Nunca he sabido si ella se percató de tal maniobra que a mí me estuvo ofreciendo unas preciosas vistas de las interioridades de sus muslos, el divino paquetito que insinuaba los labios ...
... abultados de su coño y las curvas de sus bragas blancas ajustadas. Cómo gozaba con el azoramiento de prepararlo todo, elegir el momento y el lugar de modo que a ella no le quedara otro remedio que ser totalmente consciente de mis exhibiciones lascivas, aunque intentara a toda costa que yo no me diera cuenta de que cómo miraba mis zonas erógenas. Me cuidaba además de cubrir con mi presencia la puerta de la habitación, con lo que no le quedaba más remedio que aguantar la conversación que me inventaba y durante el tiempo que me apeteciera porque si intentaba escapar de allí tendría que rozar su cuerpo con el mío, lo que sería para ella aún más embarazoso. Qué situación: ella arreglando nerviosa las cosas por la habitación mientras hablaba con su yerno prácticamente desnudo! Os podéis imaginar lo tenso de la escasa charla y lo que nos costaba a ambos llegar a articular cualquier frase. Se mascaba la excitación y el nerviosismo mutuo. Y, desde luego, cuando yo decidía poner fin a cada una de mis apariciones siempre salía corriendo a darme una masturbación para aliviar mi excitación y quedarme vacío. A veces pienso que era tanto o más gustoso imaginar y preparar la acción que el placer desbordante y brutal que inundaba toda mi carne al correrme luego. Desde luego eran satisfacciones fantásticas ambas, pero casi imposibles de comparar. Mis provocaciones eran deliberadamente imprevisibles para mi suegra con el fin de que siempre mantuviera la inquietud de no saber en qué momento iban ...