1. El que la sigue, la consigue


    Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos

    ... experiencia: algún primo, vecino, cuñado, algún amigo del hermano mayor... O... el propio hermano mayor! o el tío carnal!, ¿por qué no...? Qué coño! Ningún problema... Pero, bueno, en fin, por lo demás... pues bueno, qué bien... ¿no?... Qué bonito ser libre y jugar con nuestros cuerpos ¿verdad?... Por ejemplo... tú... ¿eh, zorrona...? Que bien que te gusta todo lo que te hago... ¿a que sí...? A lo mejor, hasta podía haberme lanzado antes a...
    
    —Sí, sí, ya sabes que me gusta. Lo reconozco. Y no, no creas, tampoco antes. Ha estado muy bien todo el jueguecito anterior. Es que me ponías... cómo me ponías...! Por cierto, una pregunta...
    
    —Dime...
    
    —Tú no has sido muy practicante, muy creyente, vamos. Pero ahora llevas una temporada que... bueno, no sé, has cambiado...
    
    —Ya. Y te preguntas que cómo hablo así, ¿no? ¿Que cómo es compatible con...?
    
    —Sí, sí, eso...
    
    —Esto sería para hablar largo y tendido. Ya hablaremos más despacio. Pero, bueno, te diré que, a raíz de la muerte de Cristina he pensado mucho como sabes. Creo que Dios nos hizo así, con capacidad para sufrir y para gozar, y que prefiere el gozo al sufrimiento: a veces éste es inevitable aunque tenemos que luchar contra él para suprimirlo. ¿Podía haber hecho otro mundo distinto, sin dolor? No sé, seguro que sí, pero lo que sé es que estamos en éste, que es el que hay. Y nos ha dado un cuerpo para que lo desarrollemos, para que lo vivamos y lo disfrutemos. La iglesia católica, el cristianismo -al que he ...
    ... vuelto de otra forma- fue perdiendo ciertos nortes desde hace siglos. Dramáticamente. A mi entender, su razón de ser es la de dar testimonio de amor y de justicia. En especial con los más débiles, con los más pobres. Con la propia vida si es preciso. Y eso no tiene nada que ver con la moral y menos con la sexualidad.
    
    —Entonces... Todo lo que nos contaban...
    
    —Patrañas! Rollos macabeos de eclesiásticos incultos. No tiene nada que ver con...
    
    —Pues, anda que...
    
    —Ya, ya. Pero perfectamente compatible con disfrutar del sexo. Y, de momento, vamos a dejarlo. Volvamos a lo nuestro ahora... ¿quieres?... Venga, vale. Por cierto, tú decías que... te pajeabas, ¿cuándo empezaste a llevarte la mano sobre tu raja para darte gustos...?
    
    —Pues de niña, desde que tengo recuerdos. No sé. Una vez, algo más mayor ya, con el movimiento del tranvía me excité y me corrí allí mismo.
    
    —Verías muchas veces desnuda a tu hermana ¿no?
    
    —Muchas.
    
    —¿Nunca te atrajo?
    
    —La verdad es que no.
    
    —¿Te gusta cómo te uso yo sexualmente?
    
    —Sí, mucho. Mucho! Me vuelves loca. Anda, úsame, bésame! Y hazme lo que te venga en gana para darte gusto, que así me lo das a mí también.
    
    Y ella abría su boca de par en par para que yo le metiera la lengua y me la comiera entera. Y su coño. Y sus tetas y el agujero de su culo. Y toda ella hasta que volvía a explotar de gusto. Un día le pregunté a mi suegra:
    
    —¿Hace años que tú, Elvira, me deseas a mí, verdad?
    
    —Pues... sí, claro...! La verdad es que ...