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El que la sigue, la consigue
Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos
... a ocurrir. Por aquella época íbamos con frecuencia los tres a una casa de campo de su propiedad en un pueblo de Asturias. Cuántas veces allí, al levantarme inmediatamente después que ella, me habré acercado donde estaba con la bragueta del pijama bien abierta para que viera mi abundante masa de vello púbico: no podía dejar de verlo aunque tratara de disimular lo más posible porque yo lo hacía como por descuido pero de forma brutalmente patente! Había practicado además en la puerta del baño un pequeño agujero por el que miraba a Elvira ducharse (y también a otras amigas que venían a pasar unos días con nosotros) siempre que podía y me apetecía: ella tenía todavía un cuerpo atractivo aunque no era ya una mujer joven. Conservaba buena parte del encanto de su juventud en que fue una chica preciosa. Un cuerpo de auténtica hembra. Tetas de tamaño medio, suficientemente firmes para su edad. El vello que cubría el triángulo de su chumino estaba muy poco poblado: había perdido parte de la pelambrera con los años y algunos de sus rizos griseaban. Por ello mostraba muy desnudo el canal de su tajo. Exhibía una amplia abertura en medio de los labios de su chocho. Labios carnosos, abultados y muy entreabiertos como un par de gajos de naranja separados. Habían abandonado ya hace tiempo esa firmeza y cerrazón de las adolescentes, que aún los tienen tan firmemente pegados y apretados el uno contra el otro que su raja parece trazada por el leve corte de un bisturí. En fin, la visión de su ...
... entrepierna me ponía a mil...! pero me decía a mí mismo que aún no había llegado el momento. Cierto día, como quien no quiere la cosa, le comenté que masturbarse era muy sano, que ayudaba para la circulación de la sangre según había leído en una revista médica. Que yo mismo me daba una masturbación cada día nada más levantarme -aprovechando que amanecía empalmado y duro como una piedra- para sacarme la espesa y abundantísima lefa que producen diariamente mis testículos, para quedarme bien relajado y tranquilo por el resto del día. -Es la mejor forma -le conté- de bajarme la erección porque me levanto casi todos los días con este cañón apuntando al cielo. Está tan dura, tengo tan llenos de crema caliente los testículos, que necesito agarrármela y darle unos poquitos manotazos para que se me abra enseguida y me vacíe. Para no salpicarlo todo llevo conmigo un kleenex y cuando noto que me van a llegar los espasmos, me rodeo el capullo del cipote con el papel para que disparar todo el engrudo de la lefa en él. Tú misma debieras darte una o dos masturbaciones diarias a la pepita de tu chumino como hago yo con mi verga... (tuve buen cuidado de elegir palabras muy obscenas siguiendo mi plan de perversión progresiva). Al oír todo eso ni sé cómo no se cayó de culo, pero aguantó el tipo como pudo e hizo como que no lo había escuchado… Así, más o menos, sin prisas pero sin pausas, siguieron las cosas durante uno o dos años. Por otra parte nuestro trato era tan cordial y agradable ...