1. Noche de pasión en Lisboa (XII): Duelo en OK Corral


    Fecha: 24/12/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos

    ... sus piernas, entregándome su móvil me pide que le saque una fotografía para tener un recuerdo de esta noche. Al terminar de explicarme cómo funciona la cámara en su móvil, le hago tres fotos: Una de cuerpo entero, otra en plano americano y por último un retrato en escorzo. Nada más devolverle el teléfono, comienza a teclear sobre la aplicación de conversaciones. No necesito saber con quién está hablando, pero sé que en unos segundos, una de esas tres fotografías pasará a ser el fondo de pantalla del teléfono de alguien a quien he ofendido de palabra no hace mucho tiempo.
    
    Ya en el restaurante, nos recibe un maître, empaquetado en un traje negro de una estrechez imposible. Al ver las perneras del pantalón y como se le marcan los gemelos, soy incapaz de comprender como ha conseguido pasar los pies a través de ellas. Camisa negra y corbata del mismo color, en ese estilo moderno denominado “all black”, que a falta de otras ventajas, tiene la de que no te rompes la cabeza escogiendo como combinar el color de la ropa. Sobre la cara, una barba, tan recortada que más parece una carrera de hormigas. Hay un momento en el que empiezo a dudar que no se la haya pintado con un bolígrafo, de tan estrecha que es. Para rematar el conjunto, lleva un pequeño rodete de pelo en lo alto de la cabeza, recogiendo la melena en un moño. Sin ver más del local, ya sé qué tipo de cena nos espera. En mi pecho, oigo como la tarjeta con la que he pagado el centro de estética se cachondea a carcajadas de ...
    ... su compañera, la que va a hacerse cargo de la cuenta del restaurante.
    
    Nos conducen a la mesa, y Amália se coloca tras la silla que queda a la derecha de la cabecera, y a continuación se coloca Paulinha. A mi izquierda, se sentarán las otras dos mujeres. Mientras le aparto la silla a mi esposa, y el maître hace lo propio con Ana María, Paulinha espera en pie a que le retire la silla para sentarse. Indudablemente, no solo en el vestuario ha sido hoy aleccionada por las otras mujeres. Durante el tiempo en que le aparto la silla, no puedo dejar de observar las miradas que nos dirigen el resto de los comensales que están en la sala. Los hombres no pueden dejar de admirar la colección de señoras que se sientan a mi mesa. Ni escogidas en un catálogo se encontrarían mejores ejemplares. Las mujeres me miran a mí, y me parece que están calculando el volumen de mi billetera, pues aunque no soy una piltrafa, cuatro mujeres de este calibre no se juntan para acompañar a un hombre de mi edad, así por las buenas.
    
    Ya todos sentados a la mesa, me traen la carta de vinos. Por los precios, todas las botellas deben ser de la misma cosecha con la que Noé se tomó la primera borrachera de la que hay constancia escrita.
    
    Al parecer, al reservar el restaurante, mis mujeres ya han ordenado un menú de degustación. Cuando nos sirven el primer plato, el camarero me lo coloca delante haciéndolo por mi derecha. Empezamos mal. El maître comienza a describirnos los ingredientes y la preparación del ...
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