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Noche de pasión en Lisboa (XII): Duelo en OK Corral
Fecha: 24/12/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos
... dormitorio. Amália está pendiente de lo que hago, pero no puede decirme nada, la apuesta es así. Con Marta tengo que tener cuidado, lo que le estoy haciendo a Ana María está causándole efecto también a ella y no quiero dejarla caliente e insatisfecha. Después de todo, ella sí que votó a mi favor y no entra en la venganza. A Paulinha creo que la puede más la curiosidad de lo que yo pueda hacer que el deseo. Cuando vuelvo a mi sitio en la mesa, cualquier caballo envidiaría mi erección. Y yo procuro que Amália se dé perfectamente cuenta de cómo me encuentro. Nada más sentarme, mi mano busca el interior de los muslos de Ana María, y ella al sentirla, abre las piernas como impulsada por un resorte, al tiempo que emite un respingo. Amália ya está empezando a subirse por las paredes. Todas mis atenciones son para su hermana y creo que ella está más caliente de lo que quiere dar a demostrar, pero la dejo que se vaya cociendo lentamente en su propia salsa. Durante un rato, acaricio el sexo de mi cuñada, y cuando empiezo a notar que sus jadeos suben de intensidad interrumpo mis manipulaciones y continúo cenando como si no ocurriera nada. En este momento mi deseo sería tumbar a las cuatro sobre la mesa y terminar en una bacanal, pero no es ese mi objetivo. Al rato vuelvo a meter la mano entre las piernas de mi cuñada sin previo aviso. Ella al sentirme vuelve a abrirlas todo lo que puede, al tiempo que se escurre hacia adelante en la silla para facilitarme la manipulación ya sin ...
... disimulos ni pudor de ninguna clase, mientras emite un gemido profundo. Le introduzco dos dedos y después de un tiempo los saco completamente mojados. Los limpio con mi servilleta y me la llevo a la nariz, oliéndola. Amália ya no sabe cómo sentarse. Si las miradas matasen, yo estaría muerto a estas alturas. Mi cuñada ya no es dueña de sus actos, intenta por todos los medios agarrar mi mano y que le continúe el tratamiento, cosa que le impido. La tónica general durante la cena es la misma: Mantengo a Ana María caliente a reventar sin dejarla que termine, procuro que Amália se percate del calentón que llevo a cuestas y no la toco en ningún momento. Trato de que Marta y Paulinha no se calienten demasiado y aguanto así hasta que mi excitación ya es insoportable para mí. O termino, o a partir de aquí ya el juego va a resultarme doloroso físicamente. Por lo tanto, doy por concluida la cena y la apuesta por pagada. Amália está a punto de matarme. Mi cuñada me llama de todo, menos guapo. Paulinha al parecer no se ha excitado con el espectáculo, pero Marta se muerde con disimulo el labio inferior. Me fastidiaría haberla dejado mal. Dejándolas sentadas a la mesa, me voy a la cocina a por la cafetera. Espero que a la vuelta estén con las batas puestas. En la cocina, a solas, me apoyo sobre la encimera y hago varias profundas inspiraciones para tratar de calmarme. Voy como una moto. Me compongo lo mejor que puedo el bulto que llevo en la entrepierna y cuando voy a tomar la cafetera entra ...