1. Noche de pasión en Lisboa (XII): Duelo en OK Corral


    Fecha: 24/12/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos

    ... Marta en la cocina. Viene tal y como la dejé en la mesa. No se ha puesto nada encima.
    
    —Dom Alfredo ha dejado mucho por tocar esta noche.
    
    —Lo sé Marta, lo sé. Pero tenía que hacerle pagar a mi familia el no haberme votado. Ustedes sí que me votaron, así que no me pareció justo incluirlas en mi venganza.
    
    —¿Y va a desaprovechar la única ocasión que tendrá de tocar algo más, con permiso?
    
    —Marta, no quiero ponerla en el disparadero. Sé que no tiene con quien cobrarse lo que yo le haga.
    
    —Por eso no se preocupe. Desgraciadamente, estoy acostumbrada a calentar la comida y comérmela yo sola. Ya sabe que mi marido solamente está cuatro veces al año conmigo. Además acuérdese que seis besos en los labios equivalen a un polvete y usted y yo ya lo hemos echado y no me ha tocado nada todavía. Aproveche que tiene permiso y hágalo. Este tren no va a volver a pasar.
    
    —Déjelo correr Marta. Y créame que me siento muy halagado, pero me temo que si la toco, esto puede derivar en algo que ninguno de nosotros desea.
    
    Entonces ella, poniéndome una mano en la mejilla, se puso de puntillas y tras besarme en los labios, me dijo:
    
    —Ya sabe, no se equivoque.
    
    —Ya sé Marta, ya sé. Y perdóneme que no la toque.
    
    —A veces es usted de hielo, patrón.
    
    Para desmentirla, cuando se estaba retirando, puse una mano sobre uno de sus pechos regalándome a mí mismo una caricia. Marta, sonriéndome, me acarició la mano con la que le había tocado el pecho, mientras me decía:
    
    —Si lo hace ...
    ... antes, se hubiese quedado sin el beso. – Y con un guiño, se fue al comedor.
    
    Cuando nos fuimos a dormir, Amália se me tiró encima como una pantera. Estaba desbocada. Prácticamente me arrancó la ropa. Yo iba también a punto de explotar. Desnudos sobre la cama, empezó una felación y para culminar mi venganza, no me contuve. Poco después de comenzar sus maniobras, me vacié en su boca.
    
    Cogí a Amália, y poniendo su espalda contra mi pecho, pasándole un brazo bajo su cuello, le agarré los dos pechos, y dándole las buenas noches, me dispuse a dormir.
    
    —¿Ya está? ¿Me vas a dejar así?
    
    —Cariño, estoy muy cansado. Mañana será otro día.
    
    —Eres un cabrón insensible. ¿Qué te he hecho yo para que me dejes con esta calentura?.
    
    —Ni tú ni tu hermana me votasteis, y eso que según vosotras tenía perdida la apuesta. No sabía que tenía el enemigo en casa.
    
    —¡Si te dimos por ganador y hemos pagado la apuesta!.
    
    —Pero eso lo hicisteis en privado, en público jugasteis en el otro equipo.
    
    —¿No vas a terminarme hoy?
    
    —No, hoy no. Es mi venganza.
    
    —Cabrón, cabrón, cabronazo.
    
    —Yo también te adoro, amor mío.
    
    Fue la peor noche de mi vida. Fui incapaz de dormir más de media hora seguida. Mi esposa no paraba de dar vueltas en la cama, hasta que a primera hora de la mañana sentí que se arrimaba y empezaba de nuevo el juego. Y entonces sí, por la mañana le cumplí los caprichos.
    
    Extrañamente, durante la noche, nadie llamó a nuestra puerta.
    
    CONTINUARA. Espero sus comentarios, a ...