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Entregó el “marrón” por amor a su marido y… le rompieron el culo por placer
Fecha: 04/01/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lobo Feroz, Fuente: CuentoRelatos
... tanto como en sus mejores momentos de calentura, este tipo estaba haciendo méritos para serlo. Va hacia la puerta, la cierra y vuelve dispuesta “a poner toda la carne sobre el asador” (algo así como jugar el todo por el todo, un salto al vacío y sin red), se vio obligada a poner más de sí, azuzar a la fiera para hacerla salir de su cubil. Se acercó a él, lentamente, alargó su mano hasta tomar la del hombre, manso se dejó llevar hasta un sillón que había en un rincón de la oficina. Se sentó delante de él, entre sus piernas y procedió al mejor estilo de una película porno a desabrocharle el cinto, bajar el cierre del pantalón, dejarlo que llegue al piso, bajar el bóxer para liberar a la bestia que se debatía en el incómodo encierro. Asomó su cabeza brillante, un cíclope que se presenta amenazante, los ojos de Helena parecen el dos de oros de la baraja, es evidente que no esperaba tanta carne y tan dura, gratamente sorprendida por el visitante que late en su mano sin poder cerrarla, necesitó las dos para encerrarla, su boca se abre, suspira en signo de asombro y callada admiración mientras por un instante (muy breve, por cierto) piensa como va hacer para aguantarse tanta carne. Los pensamientos quedaron para otro momento, él la acercó a su miembro. Entre la brusca maniobra y su sorpresa la verga de Alejo fue a dar contra los labios de la muchacha. Tampoco era cosa de estar despreciando esta apetitosa carne, amagó comerla de un bocado, sin dejar de mirarlo, no fue más ...
... que eso para poder rodearlo con sus labios (tiene la boca pequeña) debió acomodarlo despacio para no lastimarlo con sus dientes. El aguante de Alejo no daba para más, tan solo un par de lamidas bastaron para ponerlo más allá de lo que un hombre como él podía resistir. Ella se dejó caer de espaldas sobre el mullido cojín, subió la falda durante el movimiento para ofrecer al macho dominante el espectáculo de su intimidad vellosamente húmeda, cubierta de encaje blanco para la ocasión, las puntillas traslucen el vello laceo emprolijado. Levantó las piernas, sostenidas tomándose los muslos con las manos, clara invitación a que él sacara la escueta tanga de encaje, sin hacerse repetir la insinuación juntó las piernas e hizo la bandera del deseo por las blancas columnas y volvió hacia el objetivo dejando que la mujer se abra ofreciendo su tesoro, la tanga quedó rodeando el cuello del hombre, cual trofeo por haber encontrado el escondido mar de los deseos. El hombre desechó el molesto pantalón que enredaba sus tobillos, desnudo desde la cintura para abajo, se acercó a ella, el mástil de carne enhiesto en ángulo agudo con el vientre, amenazante se aproxima a la hembra que mansamente se entrega a los instintos básicos del macho caliente. La vulva está dispuesta para él, abre labios mayores, lubricada a mares, solo espera el momento de ser atacada por esa carne ansiosamente esperada. Se recuesta más, para favorecer la ubicación del hombre entre sus piernas, se sostiene las piernas, ...