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Entregó el “marrón” por amor a su marido y… le rompieron el culo por placer
Fecha: 04/01/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lobo Feroz, Fuente: CuentoRelatos
... deja que sea él quien abra con una mano la cuevita y con la otra guíe el ariete que la penetra. La máquina de Alejo, se agranda a sus ojos, compara el tamaño y la nota de tamaño feroz, la abren más que en su primera vez, se alegra de estar bien húmeda, si no quien sabe que estropicio podría causarle, los gemidos iniciales son quejidos producidos por en la impiadosa y urgente cojida. Cada entrada es un empalamiento, el hombre está pasado de calentura, no para de meter y meter, ni pensar en su orgasmo solo vive y por momentos sufre esta penetración que le está llegando hasta el alma, dentro de la poca lucidez que puede tener en una situación tan extrema no tiene registro de haberse comido tanta carne junta, ni ser tomada con tanta pasión y violenta calentura. Quiere ayudar, asistir a la urgente calentura del hombre, intenta, pero por la posición y la premura demostrada no le dejan realizar nada más que un par de movimientos pélvicos para ayudarlo. No sabe calcular cuánto tiempo hace que está sobre ella, estima que no más de diez minutos, pero parecen más por lo intenso de la relación. Cambia el ritmo de la penetración, lento, profundo ¿hasta dónde quiere llegar?, en un taladro percutor golpeando el fondo de la concha, como está tomada de la espalda de él siente como se tensan los músculos, la cadera cambia la cadencia el movimiento de la penetración, alguna breve pausa mientras empuja en lo profundo el glande contra el confín del útero con firme intención de ...
... atravesarlo. Se producen, ahora con más urgencia los signos clásicos de cuando el hombre está llegando, los sufre y los disfruta como nunca. ¡Por fin! se decide a llenarla de leche. ¡Qué alivio! Siente como el miembro se le pone más tenso, late una y otra vez, lo sabe con certeza es el anuncio del recorrido de la esperma que busca rebasar los límites masculinos y ofrendarse sumisa en el cofre expectante. No supo cuántos fueron, pero sí notable la expulsión de la masculinidad desbordada que va dejando en ella el producto de su calentura. Mientras él viaja por otra galaxia, contenido entre sus brazos como un bebe en reposo, aun latiendo ambos sexos, sin salirse, se enciende en ella la luz de alerta, un imperdonable olvido, algo que no debió suceder, envueltos en la vorágine de la urgencia sexual de él se dejó llevar en su arrollador “in crescendo” y no reparó en hacerle colocar el condón que había llevado para evitar consecuencias que lamentar. El olvido sumado a la falta de precaución de él por no preguntar si podía terminarle dentro llegó a este estado de cosas, estimó que no había un culpable sino una suma de ambos. En ese breve momento de soledad, aun así abrazados, que tienen todos los machos después de vaciarse, se dio un tiempo de serenidad y se puso a calcular los días que hacía después de la última regla, con más buena voluntad que certeza estimó (o quiso creer) que no era uno de los días peligrosos. Aún sin haber tenido un orgasmo el coito había tenido sus momentos ...