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Noche de camioneros
Fecha: 18/02/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... tienes en la boca perrita! –exclama entre medias-. - ¡Así!, ¡Así!, ¡Ciérrate más perrita! - ¡Aguanta ahí!, ¡Joderrrrr!... La frecuencia de sus expresiones, así como su intensidad me indican que el momento de del orgasmo está cerca. Unas cuantas embestidas más y al final llega el instante tan anhelado. Me la saca rápidamente dela boca y sin meneársela ni una sola vez me suelta un primer chorro de lefa caliente que impacta de lleno en mi rostro, cruzándolo de lado al lado. Unos leves instantes y de nuevo un segundo chorretón, largo y abundante que esta vez se deposita sobre mi pelo. Un tercero y un cuarto llenan mi rostro de leche espesa y viscosa, que se pega a la piel como si de cola de impacto de tratara. No ha acabado aun. Entre espasmos, convulsiones y gritos ahogados de éxtasis, todavía es capaz de lanzar un quinto y hasta un sexo chorro de semen. Esta vez mucho menos abundantes en cantidad que no en sensación de placer. Empieza entonces una suave y delicada paja en la que a cada descapullada le sigue un brusco espasmo que le obliga a doblarse por la cintura, al tiempo que tensa todos sus músculos. Los espasmos van disminuyendo en intensidad hasta que al poco deja de pajearse, dejando escapar una expresión de profunda satisfacción. - ¡Bien perrita! -me dice mientras vacía sus pulmones en una exhalación tan profunda como relajante-, he de reconocer que tuAMO tenía razón cuando decía que eras toda una traga sables y garganta profunda con mucho aguante –lo que ...
... acompaña de unas cuantas risotadas-. - Agradecido, SEÑOR -contesto yo-, mientras intento liberar mi rostro de los lefazos recibidos-. - ¡Ni se te ocurra perrita! –me advierte en tono severo y amenazante-. Las putas como tú deben oler a los machos que se las follan –añade-, es mi marca y quiero que permanezca allí todo el tiempo. - Así será SEÑOR, disculpe una vez más mi torpeza -contesto agachando la mirada- El camionero se ha vaciado la leche de quince días en una corrida tan abundante que me ha empapado literalmente el rostro y el cabello. Puedo notar como las gotas de su lefa se escurren, espesas y pegajosas, por mi rostro, lentamente como si su voluntad fuera permanecer eternamente pegadas a mí. En ocasiones, debo inclinar la cabeza convenientemente para que no se introduzcan en mis ojos y cuando alcanzan la comisura de mis labios, su sabor, entre amargo y agrio, inunda mi paladar. El camionero se da la vuelta y coge unas cuantas vueltas de papel de uno de esos rollos de cocina. Se limpia con él la polla, los huevos y el bajo vientre. No es demasiado cuidadoso al hacerlo, básicamente se seca las babas y poco más. A continuación me da el papel usado para que lo sostenga mientras recoge unos pantalones de chándal que tenía tirados en la litera de arriba. Se los pone directamente, sin calzoncillos debajo, y a continuación una camiseta de manga corta de algodón. Finalmente se calza unas deportivas de “running” sobre los calcetines que ya llevaba puestos, remueve ...