-
Noche de camioneros
Fecha: 18/02/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... me encontraba allí. Decido salir de debajo del tráiler, mostrándome sin pudor, pero tan profundamente humillado que no me atrevo ni a levantar la mirada del suelo. Empiezo a estar agotado, tanto miedo y estrés están acabando mis fuerzas a un ritmo acelerado. Más que sentarme, me desplomo en el suelo, junto a una de las ruedas del tráiler, con esta como respaldo y las piernas completamente extendidas. Me rindo, ya no puedo más, no me quedan fuerzas para luchar y de una manera inconsciente me abandono absolutamente a mi destino. En un último cruce de miradas, antes de que el segundo camionero vuelva a sumergir su cabeza tras las cortinillas de la cabina, puedo apreciar en su mirada un gesto de aprobación, casi de consuelo, como quien te conforta diciéndote que haces bien, que es inútil otra cosa y que dadas las circunstancias, lo mejor es aceptarlas y remar a favor de corriente. No sé porque, pero esa mirada me alivia, ha sido tan solo un fugaz encuentro, pero lo suficientemente largo y explicito como para recordarme que estoy allí por lo que soy, que cuanto más sufra mayor será el goce de miAMO, que he sido duramente adiestrado durante años para esto, y lo más importante, que es lo único que me hace feliz. En el silencio de la noche, ya relajado y en calma, me doy cuenta de que la corrida de mi camionero se ha secado ya sobre mi rostro. Lo noto porque aquí y allá, el cutis de mi cara permanece anormalmente tenso. Paso mi mano y con la yema de los dedos acaricio esas ...
... zonas, notando los restos de su lefa en forma de arenilla adherida a mi piel. Me gusta notarla, me hace sentir más perra y más puta y no puedo evitar soñar en un eterno bukake, en el que se me bañe literalmente en semen de macho. Es la primera vez en toda la noche que estoy lo suficientemente relajado como para pensar en algo que no sea lo que me espera. No sé cuánto tiempo transcurre, pero finalmente oigo unas voces que se acercan. Desde la distancia, parecen ser dos hombres charlando distendidamente en voz alta. No logro entender lo que dicen, pero sí que se van acercando. Completamente rendido y asumiendo lo que estoy haciendo, no muevo ni un dedo para esconderme. - ¡Si me ven, que me vean¡ -me digo interiormente-, total, ¿No es para esto por lo que estoy aquí? Simplemente me autoengaño, como la zorra que al verse incapaz de alcanzar las uvas acaba por consolarse con una “total, están verdes” No es mi condición lo que me impide reaccionar, si no el agotamiento y la desesperación. Poco a poco algunas de sus palabras se hacen comprensibles, luego parte de algunas frases, hasta que al final puedo seguir perfectamente el hilo de su conversación: - ¡Joder tío! -exclama uno de ellos- me he vaciado como hacía tiempo que no lo hacía. - Pues no te creas -contesta el otro- llevo todo el viaje esperando el momento. Estoy más cachondo que un fraile en un convento de monjas, ja, ja, ja… - Tiene una boca tan prieta como el chocho de una niña -añade el primero-, de cuerpo ...