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Noche de camioneros
Fecha: 18/02/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... que nadie permanece pendiente de mi estriptis. Una vez en posición, me doblo hacia delante por la cintura mientras con mis manos separo mis nalgas todo lo que puedo para dejar a la vista mi coño recién depilado. - Perro viejo ya para andar por ahí de puterío, pero tengo los huevos demasiado llenos, así que hoy harás servicio -me dice el camionero-. Sube por la puerta del acompañante. Me dispongo a vestirme cuando desde lo alto de la cabina oigo que me dice: - ¿Quién te ha dado permiso para que te vistas? ¡Puta! - Nadie, SEÑOR, disculpe mi torpeza -contesto-. Recojo entonces la ropa y con ella colgada del antebrazo doblo por delante de la cabina para dirigirme, completamente desnudo, a la puerta del copiloto. Al hacerlo y para mi sorpresa, me doy cuenta de que el conductor del camión aparcado en la plaza contigua permanece despierto, con las cortinillas sin correr y sentado junto a la ventanilla. No puedo evitar pararme cuando lo descubro. No sé qué hacer. Tengo que suponer que el camionero que va a usarme es consciente de la situación, al fin y al cabo están cabina con cabina y es imposible que no se vean. La humillación más profunda invade todo mi ser. Ahí estoy, completamente desnudo, con un collar de perro al cuello, dispuesto a ofrecerme como una puta mientras a escasos metro y medio un tío lo está viendo todo como quien mira una película porno de serie B. Me entran unas irrefrenables ganas de salir huyendo, pero solo mi naturaleza sumisa y mis años de ...
... adiestramiento consiguen que me sobreponga. Avergonzado y con la cabeza gacha, reanudo la marcha. Acabo de doblar por delante de la cabina y metiéndome entre ambos camiones me detengo frente a la puerta de copiloto. Siento como el segundo camionero me mira y me observa mientras espero que se abra la puerta del primero. Podría meterme mano si quisiera de lo cerca que estamos, pero no dice nada, solo mira y observa. Vuelven de nuevo la angustia y el estrés, la puerta que no se abre y a cada segundo que pasa me siento más humillado. La humillación no está tanto en mi desnudez como en la mirada del que la contempla. Puedo oírle moverse tras mis espaldas, casi hasta como respira. Es curioso cómo se agudizan los sentidos en situaciones como esta. Finalmente se abre la puerta, habrá pasado escasamente medio minuto, pero me ha parecido toda una vida. - ¿Qué pasa puta? -me suelta el camionero desde lo alto de la cabina, entre pícaro y jocoso-, estarás acostumbrada ya a que te vean como lo que eres ¿No? - Sí, SEÑOR -le respondo en voz baja desde abajo-, es solo que no lo esperaba. Lanzo como puedo mi ropa al interior del camión y mientras me encaramo oigo como se ríe. Una vez arriba le saludo con el protocolario “A sus pies, SEÑOR” y comienzo a correr las cortinillas. - Déjalas como están ¡Perra! -me dice el camionero con tono seco y de disgusto-. Hace calor esta noche y no quiero que con el sudor se empañen los cristales. Me hago a la idea de que esta noche me espera ...