1. Descubriendo a mi nueva madre


    Fecha: 01/06/2021, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... ganas de conocer lo más íntimo de mi madre. Sentí la tela de sus bragas en la punta de mis dedos y sus piernas se abrieron para recibirme. Ninguno pensaba en las consecuencias de lo que estaba pasando. Mis dedos se colaron por debajo de la delicada tela y acariciaron los bellos que custodiaban el sexo de mi madre. Mis dedos descubrieron la calidad humedad que brotaba de su vagina y se adentraron para darle placer. Un enorme y erecto clítoris les dio la bienvenida.
    
    - ¡Oh, sí! – un largo y profundo gemido brotó de su hermosa boca al sentir mis dedos en su clítoris.
    
    Mientras mis caderas agitaban mi polla contra su culo, mi dedo se deslizaba por el húmedo clítoris para buscar la entrada de su caliente vagina. Separaba sus labios vaginales y empecé a entrar. El cuerpo de mi madre se agitaba y gozaba, frotando el culo contra mi polla, haciendo que mi dedo entrara y saliera de su vagina.
    
    Mordí suavemente su cuello y mi dedo castigó con más rapidez su clítoris, entrando y saliendo velozmente de su vagina. Sus suaves gemidos se transformaban en fuerte gritos de placer. Estaba masturbando a mi madre y ella gozaba. Cuando estalló en un grandioso orgasmo, su cuerpo se agitaba convulsivamente y sin control, mientras su boca lanzaba gemidos de placer que me excitaban y me volvían loco. Tensó todo su cuerpo rodeado por el mío.
    
    - ¡Despacio, despacio! – me suplicaba mientras se convulsionaba de placer - ¡Eso es, así suave!
    
    Mi dedo empezó a disminuir el ritmo y la presión ...
    ... sobre su clítoris y ella se fue relajando poco a poco, quedando vencida por el placer entre mis brazos. Después de unos minutos en que ella no se movía con sus ojos cerrados y yo la miraba mientras mi mano aún acariciaba su sexo, me miró poniéndose las manos en la cara.
    
    - ¡Dios mío, qué vergüenza! – la miré sonriendo - ¡Perdóname, perdóname!
    
    - No hay nada qué perdonar. – le dije y me incliné para besar sus manos – Tenemos una nueva vida y si esto está dentro de ella, no quiero otra vida. – ella apartó las manos para mirarme y le besé suavemente los labios.
    
    - Y entonces ahora… ¿qué hacemos? – me preguntó con una mezcla de excitación, desconcierto y vergüenza.
    
    - Pues si no sabemos bien qué hacer… - la abracé con todo el amor que sentía por ella – hagamos lo que nos de la gana, no hay nadie que nos pueda decir qué tenemos que hacer.
    
    Por unos instantes quedamos abrazados y callados. Ella acariciaba mi pelo mientras yo acariciaba su barriga.
    
    - ¿Sabes por qué eres hijo único? – me preguntó y quedé extrañado – Cuando vi cómo se comportaba tu padre conmigo a la hora del sexo, me esterilicé sin que él lo supiera. – se apoyó en su brazo y me miró directamente a la cara – Yo he tenido un maravilloso orgasmo… Pero tú aun no has tenido el tuyo.
    
    No dijo nada más. Nos destapó y encendió la luz de la mesita de noche. ¡Joder, estaba preciosa y sensual! De rodillas en la cama, se mordía el labio inferior y sus manos agitaban levemente sus preciosas tetas con aquellos pezones ...