1. Descubriendo a mi nueva madre


    Fecha: 01/06/2021, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... despierta! – sentí la mano de mi sobre mi cara mientras empezaba a despertar descubriendo que era una pesadilla – No pasa nada, mamá está aquí contigo... ¡Duerme tranquilo!
    
    Quedé paralizado por el recuerdo de aquella pesadilla. Mientras mi madre me acariciaba suavemente para tranquilizarme, podía sentir mi corazón acelerado mientras mi polla permanecía erecta por la sensación de haber penetrado a mi propia madre. Aun era de noche y al momento me quedé dormido sintiendo a mi madre muy cerca de mí.
    
    Un dulce “¡Arriba dormilón!” sonó en mis oídos y al abrir los ojos pude ver a una risueña y alegre madre que me pedía, medio desnuda, que me vistiera para ir a elegir cómo sería mi nueva habitación. Y así pasamos aquel viernes, todo el día para un lado y otro, viendo y eligiendo los muebles y los colores de mi habitación. Cuando volvimos a casa ya eran más de las once. Estábamos agotados por el día pasado, viendo cosas y hablando de mi pasado con mi exnovia, olvidándola y prometiéndonos una nueva vida. No hizo falta hablar, los dos nos fuimos a su habitación, encendí la televisión y me eché en la cama mientras ella se duchaba.
    
    - ¡Cariño, ven por favor! – me llamó desde el baño. Me levanté y entré. Ella estaba dentro de la ducha y podía verla completamente desnuda – Busca una toalla en el ropero. Abre la puerta de la derecha y dame una de color rosa.
    
    - Voy… - dije y la miré pues me sentía raramente excitado al verla difusamente tras el mojado cristal de la mampara.
    
    Salí ...
    ... del baño y busqué en la puerta que me había indicado. Allí estaba la toalla rosa. La cogí y volví a entrar en el baño para dársela. Cuando abrí la puerta quedé paralizado. Ella estaba fuera de la bañera, dándome la espalda mientras sus manos en alto se ordenaban la melena. Pude ver su redondo culo, que si bien mostraba algo de celulitis, era bien redondo y respingón.
    
    - Aquí tienes… - le dije y no me retiré para seguir mirándola.
    
    - ¡Gracias!
    
    Se giró y pude contemplarla por completo. De niño siempre se mostraba muy púdica en que yo pudiera verla, seguramente mi padre le tendría prohibido que la viera ningún hombre, incluido su hijo. Pero ahora a ella no le importaba y mis ojos se dirigieron rápidamente hacia sus redondos y perfectos pechos. Aquellos perfectos pezones de oscuras y pequeñas aureolas me atrajeron como ningún otro pecho de todas las mujeres a las que he visto desnuda. Recorrí con mis ojos su cuerpo, su barriguita me producía un placer prohibido para un hijo. Y los pelos perfectamente cuidados que cubrían su pubis me produjeron una erección que no pude disimular.
    
    - ¡Vamos, desnúdate y métete en la ducha! – me ordenó.
    
    - Ahora cuando acabes… - le contesté.
    
    - ¡No me digas qué te da vergüenza que tu madre te vea desnuda! – me echó una mirada de arriba a bajo, desafiante… sensual – Tu nueva madre no es tan remilgada como antes. ¿Ves? Estoy desnuda delante de mi hijo sin ningún problema… ¡He acabado con el pasado qué me oprimía! – aquellas palabras eran ...
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