1. 50.3 Sábado 23 de Mayo


    Fecha: 05/07/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos

    ... desde su pelvis al ombligo.
    
    El pantalón estaba ya en sus tobillos y metí mi mano por la cinturilla del bóxer, agarré su flácida polla y emitió un quejido que creo era por el frío de mi mano.
    
    Lo bajé un poco para ver el comienzo de su vello púbico, pasé la palma de mi mano por él, el vello en los hombres me excita, sobre todo el del pubis y las axilas, los veo tan varoniles y machotes, yo que tengo tan escasa cantidad los envidio, aunque a Nico y Gonzalo lo que les va es que yo tenga poco.
    
    Le deslicé el bóxer hasta media pierna, su pene cayó colgando al lado de sus huevos, su abundante vello cubría profusamente el pubis y su bolsa testicular lucía su vellosidad ensortijada que se extendía por los muslos hacia abajo. Creí sentir su olor a macho secretado por la testosterona del semental en celo.
    
    Me arrodillé para quitarle los zapatos y sacarle los pantalones y bóxer, deslicé mis manos por sus redondas nalgas adornadas de fino vello negro, sus piernas, vistas desde abajo parecían columnas de los antiguos templos egipcios, velludas con pelos más fuertes para hacer juego con las duras pantorrillas.
    
    Se dio la vuelta y me mareé de gusto al ver sus perfectos culos redondos, quería morderlos y no lo hice, me contuve para seguir admirándole. Se volvió y se hurgó el escroto, seguro que lo hizo a propósito, y no retiró la mano, y continúo rascando sus huevos en un gesto tan viril, tan masculino que se me caía la baba al verlo.
    
    Retiré su mano, el pellejo del prepucio ...
    ... colgaba dos centímetros fuera de su polla, la piel de su verga brillaba oscura resaltando la gorda vena que regaba todo el tronco.
    
    Me acerqué y metí mi dedo por el pellejo de su prepucio hasta tocar el agujero de su glande, estaba demasiado húmedo en su interior, lo saqué y me lo lleve a la nariz para notar y absorber su varonil olor, luego lo llevé a mi boca y lo mamé como si fuera una pequeña polla.
    
    Gonzalo miraba desde arriba lo que hacía sin perder un detalle, cogí en la palma de mi mano sus gordas y morenas pelotas, pesaban, de verdad que pesaban, tenían que haberse vuelto a llenar desde la noche pasada.
    
    Las acaricie con suavidad y veía como lentamente su verga se iba hinchando. Fui retrayendo sin parar, pero muy lento el pellejo hasta que apareció la punta de su glande, rojo, brillante y enorme en forma de corazón alargado, cubierto de precum reluciente.
    
    La boca se me estaba haciendo agua y tenía que contener mis ganas de mamarla, de comerla y sacarla sus jugos, liberar sus cojones del peso que los hacía que colgaran rotundos y maduros como dos peras del árbol.
    
    Gonzalo, todo él, estaba muy rico, con su ancha y ahora musculosa espalda, su breve cintura con la curva de sus glúteos que elevaba sus nalgas. Sus anchos pectorales levemente vellosos, sin tanto pelo como los de Nicolás, pero deseables igualmente, sus abdominales marcados y divididos verticalmente por su camino de cortos vellos desde el ombligo hasta el pecho, sus fuertes brazos colgando de los ...
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