1. Mi querida hija


    Fecha: 26/09/2021, Categorías: Incesto Autor: Jim, Fuente: CuentoRelatos

    ... tocar todo lo que pudiese, tuve entre mi mano varias veces su vello púbico y roce con los dedos su vagina otras tantas veces. Froté mi polla con su culo tanto como pude, dejé que mi bóxer se bajara hasta que mi polla quedó libre para meterla entre sus nalgas, la frote con fuerza entre su culo y su vagina estuve así hasta que noté como me corría de manera inevitable. Apreté con fuerza su espalda contra mi pecho mientras la leche brotaba con fuerza de mi polla, disimulé como pude. Aquellos segundos de placer y miedo fueron los más intensos de mi vida, hasta aquel momento.
    
    Después de eso salimos del agua, yo iba acojonado. ¿Qué iba a decirle a mi hija si se había dado cuenta de lo que había pasado? Era probable que sí, mi polla estaba entre sus nalgas literalmente cuando me corría, así que tuvo que sentir mi leche caliente en su culo, era imposible que no se diera cuenta. ¿Qué podía hacer?
    
    Todo mi miedo pasó nada más salir del agua, para mí suerte todo fue de lo más normal. Hablamos al sol mientras nos secamos como si nada hubiese pasado y nuestra vuelta a casa fue igual de amena como lo era cada día. ¿Podía ser que mi hija no se diera cuenta y para ella solo fuera un juego? Parecía que sí.
    
    Aquella noche me juré mientras me acostaba que no volvería a pasar aquello. Todo había salido bien, me había gustado mucho, demasiado, pero no iba a tentar a la suerte. Sara quiso volver al río en más de una ocasión los días siguientes, pero yo siempre puse disculpas y no ...
    ... fuimos. Entonces llegó mi cumpleaños, hicimos una tarta entre los dos, algunos dulces más y a media tarde comenzamos a celebrar una pequeña fiesta con nuestros vecinos. Llevaba años sin soplar velas y sin una fiesta, así que me hizo ilusión celebrarlo sobre todo con mi hija. Cuando el sol se puso todos volvieron a sus casas, Sara y yo nos quedamos solos.
    
    —¿Sigues teniendo cartas de póquer? —me preguntó Sara tirada sobre el sofá.
    
    —Pues claro —cogí la baraja que guardaba en un cajón de la cocina— siempre tengo una. —Ambos sonreímos.
    
    —Recuerdo cuando jugábamos los cuatro, mama, Carla, tú y yo —dijo Sara— y los caramelos que os gané.
    
    —¡Que te dejé ganar! —ambos nos reímos.
    
    —¿Que nos jugamos hoy? Caramelos no —sugirió ella— ya se, ¿qué te parece un Strip-póker?
    
    En aquel momento yo tenía que decir que no, sabía cómo había acabado la cosa en el río días atrás y volver a verla medio desnuda no me iba a ayudar a cumplir mi promesa. Mi parte sensata del cerebro me decía un rotundo no al juego, pero mis neuronas regadas por los chupitos de wiski dejaron que mi boca dijera sí. Sara aplaudió con entusiasmo mi aprobación mientras decía las reglas en alto. El juego no acaba hasta que uno de los dos se desnude del todo, el primero que quede en bolas pierde y tiene que hacer el reto que le pida el ganador. Acepté sin más deseando ver cómo mi hija se desnudaba, perdí las dos primeras manos. En la séptima mano solo me quedaba el pantalón y el bóxer, Carla solo había perdido sus ...
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