1. Mi querida hija


    Fecha: 26/09/2021, Categorías: Incesto Autor: Jim, Fuente: CuentoRelatos

    ... se fuera bajando, al segundo empujón cedió. Cómo me había hecho ella se lo quité y dejé que nuestros cuerpos desnudos se rozasen. Fue la primera vez que vi duda en sus ojos, pero yo no podía parar. Comencé a hacerle cosquillas para distraerla de nuevo y otra vez volvieron las risas y los roces de ambos cuerpos desnudos se hicieron más intensos. Mi polla volvió a alojarse entre sus nalgas mientras yo le pellizcaba el vientre, se dobló hacia adelante en un acto involuntario y por vez primera mi polla quedó en la entrada de su vagina.
    
    Sara dio un paso hacia adelante cuando la sintió en su agujero para separarse de mí. Debería parar aquello, pero no podía. Hacía mucho rato que había pasado el punto de cordura. Volví a ponerla frente a mí y la levante lo más arriba que pude hasta que su coño quedó a la altura de mi pecho y mi boca. Tenía delante por primera vez aquel coño con una delicada mata de pelo morenita y unos labios gruesos, era precioso. Hice un esfuerzo para mantenerla en el aire mientras mi lengua se paseaba por su raja. Miré hacia arriba para ver su rostro, Sara ya no se reía. Se había dado cuenta de lo que estaba pasando y la duda bañaba su rostro. Le lamí el coño unas cuantas veces, mientras mis brazos resistieron, me puse en su espalda de nuevo y volví a ...
    ... pellizcar su vientre.
    
    Ahora ya no jugaba, yo había perdido la cordura, ahora iba a metérsela fuese como fuese. Se dobló como yo esperaba ante mis pellizcos y mi polla volvió a la entrada de su vagina, forcé un poco y la cabeza entró poco a poco hasta que toda mi polla se alojó en su vagina. Ella arqueo la espalda con mi segunda envestida momento que aproveché para meterla toda. Cuando mis huevos tocaron su culo unas cuantas veces, ella soltó un suspiro entre placer y miedo. La saqué un poco y comencé las embestidas más fuertes, cada vez más y más fuerte, cada vez le calcaba más la espalda sin importarme lo que pasase por su cabeza, con cada golpe mi polla entraba más y más.
    
    No dejé que se moviera, aunque lo intentó un par de veces. Entonces sentí los calambres en las piernas, como la polla se ponía más dura y crecía dentro del coño de mi hija, la espalda rígida me anunció la inminente corrida.
    
    Me corrí. Me corrí dentro de ella como nunca en la vida lo había hecho antes, me apoyé en su espalda para no caerme mientras la leche salía de mi polla sin parar, fueron unos segundos de placer interminables.
    
    Mientras recobraba el aliento, Sara salió del agua y se dejó caer desnuda en la losa de piedra. ¿Qué iba a decirle? No me quedaba otra que afrontar lo que viniese. 
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