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Historias de hotel: Perdón hermana, me follé a tu hijo
Fecha: 17/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos
... de la ducha, pero no podía dejar de imaginármelo desnudo, entrar, y sorprenderlo. Estaba insoportable, me cargaba unas ganas de esas que te hacen cometer estupideces. Y no me pude contener. Con toda alevosía entré al baño, la puerta estaba abierta. -¿Puedo? Solo voy a hacer pipí. –Le dije sin esperar su permiso. –Adelante tía. Me respondió con toda naturalidad, cuando yo ya estaba adentro, deleitándome con su escultural cuerpo delgado y bien tonificado, completamente explicito detrás del vidrio trasparente de la regadera. Me senté en el mingitorio e hice lo mío, estaba temblando de lo excitada que estaba, sin poder separar la vista de sus redondas nalgas y su largo pito adormitado balanceándose entre sus piernas, imaginándome arrodillada frente a él para chupárselo. Con esa imagen en la mente, terminé, me sequé mi partecita y al pasar el higiénico sobre mis pliegues vaginales, un poderoso escalofrió me recorrió todo el cuerpo, haciéndome temblar hasta las piernas. Fue ahí cuando no pude más. -¿Vas a tardar? –Le cuestioné sinuosa. –No, ya casi salgo. –Me respondió creyendo que llevaba prisa. Pero en realidad mis intenciones eran otras. –Que lastima. –Me atreví a insinuar. – Quería aprovechar el agua caliente antes de que se acabará. –Añadí buscando pretexto. -No tardo. –Me respondió, inocente. Pero su integridad no le salvaría de mis garras y la terrible calentura que me cargaba. Entonces comencé a desnudarme. Me despojé de mi pijama y mis bragas que era lo ...
... único que vestía, asegurándome que me viera hacerlo, y como no dijo nada me metí con él bajo la ducha. Nuestra relación siempre ha sido muy sincera, aunque no suele ser un chico muy abierto ya que halamos muy poco nunca hemos tenido ningún problema al socializar cuando voy a visitar a mi hermana, o en aquellos viejos tiempos en los que solíamos vivir juntos. Claro que no se compara bañarlo de nene, con veinte años después. Deslicé la mampara de vidrio sin voltearle a ver, y entré con toda naturalidad, disimulando las ganas que tenía de follármelo. Respetoso cuál es, mi sobrino mantenía distancia, guardaba en silencio, apresurándose un poco a enjuagarse el cuerpo, con toda decisión de salir lo antes posible. Era increíble que aquel jovenzuelo fuese más recatado y maduro que su loca tía. Desnuda frente a él, le arrimaba el culo con todo descaro para que se frotase contra su entrepierna, incluso parándome un poco de puntillas para compensar su altura. Quería sentir ese pene endurecido entre mis algas, que las agarrase, que me penetrara, que me cogiese ahí mismo. Pero mi sobrino se ponía difícil, no se negaba, pero tampoco ponía de su parte. Quizá él si me veía como debía ser correcto, como su tía, como una adulta parte de la familia a quien debía respetar. Pero yo en ese momento no necesitaba un sobrino, necesitaba un hombre, alguien me diera un buen follón para bajarme el ardor del cuerpo. En ese momento necesitaba que me faltara al respeto. Ya con la excitación a ...