-
La invitada
Fecha: 25/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... cuando yo entré al baño. ¡No esperaba que fuera tan joven y bonita! La muchacha se volvió sorprendida. Aquella cinturita hacía que la curva de sus caderas diera vértigo. Su piel trigueña despedía sudor y sensualidad por todos los poros. Unos labios pardos y llenos delataban su antepasado indígena. Sus sagaces ojos negros supieron de inmediato lo que estaba pensando. Mi mirada de deseo debió resultar incriminatoria, apenas sí se inquietó al verme echar el cerrojo en la puerta y bajarme la cremallera del pantalón. Como dije, a pesar de su juventud, ya estaba casada. Con todo, nunca olvidaré su divertida mueca cuando intenté presentarme. Verónica no podía abrir el ojo derecho, de hecho tenía la mitad de la cara salpicada de esperma. Desperté con la certeza de haber bebido demasiado vino. Mi mujer ya no estaba a mi lado. Al contrario que yo, ella nunca dormía la siesta más de diez minutos. Necesité un buen rato para aunar la fuerza necesaria para ponerme de pie. Al aproximarme a la ventana descubrí dónde había ido Verónica. Mi esposa era la más joven de las tres, o de las cuatro contando a Himar. Sus labios turgentes y sus grandes ojos castaños tenían algo especial, algo exótico. Por sus andares contoneantes, saltaba a la vista que era una maestra de la seducción. Llevaba puesto su bikini nuevo. A eso no se le podía llamar ir vestida. Los pequeños triángulos de tela sólo abarcaban una mínima parte de sus senos. Con todo era su trasero el que iba al aire por entero, ya ...
... que la braguita negra de su bikini era tipo tanga. Llevaba dos vasos de plástico que, a buen seguro, debían contener algún tipo de cóctel. Uno para ella y el otro para la persona que estaba oculta bajo una de las sombrillas, a quien tan sólo se le veían los pies. Me quedé en la ventana fisgoneando. Aquellos eran los pies de uno de mis amigos, pero no tenía ni idea de cuál de ellos. En cambio, al estar más cerca, tan sólo parte de sus hombros y la cabeza de mi esposa quedaban fuera de campo visual. Pensé bajar a la cocina, necesitaba un café urgentemente. Sin embargo, cuando ya me iba, vi a Verónica girarse de lado y doblar una rodilla sobre la otra. No pasó mucho tiempo antes de que la mano de un hombre surgiera de la nada y fuera en pos de la entrepierna de mi esposa. Ella no hizo nada por impedirlo, debía estar implicada. Es más, por la posición de su brazo no era difícil que Verónica también estuviera ocupada. El hombre se desentendió del sexo de mi esposa y de pronto se sentó con el vaso en la mano. Yo solo le veía de rodillas para abajo. Un minuto después todo quedó claro. Al cambiar el hombre de postura, resultaba evidente que mi esposa le estaba masturbando. Aquel canalla volvió a meter su mano entre las piernas de Verónica pero, unos segundos más tarde, algo le sucedió. No se desperdició nada, de eso puedo dar fe. Aquel tipo comenzó a chorrear esperma dentro del vaso sin que se derramara ni una sola gota. Aunque no fueron pocos los borbotones, mi ...