1. Mi prima se viste de novia (Capítulo 21)


    Fecha: 02/01/2022, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos

    ... yo.
    
    -Decile que estuviste en el casino. -le aconsejé.- Y que ganaste todo esto, que te va a servir para arrancar la facultad. –agregué luego, dándole las diez fichas de diez mil dólares que se había olvidado su padre.
    
    La rubiecita se negó a aceptarlas, diciendo que era mucho dinero. Yo le insistí, en cambio, que lo tomase. Le dije que ella lo iba a necesitar más que nosotros. Que no importaba si su padre tenía dinero o no, que le iban a venir bien para empezar a hacer su propia vida. Y que lo tome como un regalo de los amigos nuevos que se había hecho en el barco. Y con un fuerte abrazo la despedimos. Deseando, los tres, realmente volver a vernos algún día. Aunque sea para tomar un café. Con o sin leche.
    
    Julia se fue a bañar, y como aquella noche en mi departamento, donde no tenía bombacha limpia para ponerse, salió de golpe apenas escuché el sonido de la ducha. Se apoyó en mi pecho e hizo puchero, cuando le besé la frente.
    
    -¿Qué vamos a hacer, Rodri? –Me preguntó con una melancolía en la voz que me erizaba la piel.– Mañana llegamos a Argentina. ¿Qué mierda vamos a hacer, Ro? –me preguntó después, haciendo fuerza para no llorar.
    
    ¡Y qué mierda iba yo a saber! Si ni siquiera lo había aceptado del todo.
    
    Sus palabras me habían golpeado el pecho hasta dejarme sin aliento. Tuve en ese momento un escalofrío que se adueñó enteramente de mí.
    
    Eso que sentí, queridos amigos y queridas amigas, era tristeza.
    
    La tristeza más cruda que pude sentir en mi ser. Sentía, ...
    ... incluso, que ni llorar serviría de algo. Porque bien en el fondo sabía que apenas llegásemos a Buenos Aires, Julia volvería a ser solamente mi prima. Y aunque me desesperaba encontrar una solución, de tanta ansiedad, no lo lograba.
    
    Sabía a ciencia cierta que una vez que le plantease claramente las opciones que había, ella terminaría por elegir a Fabián. No importaba cuánto lo pensemos, ni de cuantas formas quisiésemos plantear el dilema. Siempre llegaríamos a tener que tomar una sencilla decisión: era Fabián o yo. Y la encargada de elegir sería ella. Y no iba a ser capaz de ignorar al amor de su vida.
    
    En ese momento fue tanto mi miedo, que me arrepentí profundamente de todo lo que había pensado antes. En creerme noble, o un héroe de cuarta, por priorizar al amor. Me sentí un estúpido, por no haberme dejado la decisión a mí. Haberle cedido, prácticamente, ese poder a ella, me había destrozado. Y era mi culpa. Era tristeza absoluta.
    
    Una a una enumeré en mi mente las oportunidades que había dejado pasar para vivir, por siempre, envuelto en ese incesto tan seductor. Que tanto me había llenado la vida. Y también la de ella.
    
    ¿Por qué mierda di por sentado que nunca podría olvidarse de su novio, su casi futuro esposo, que la había engañado tan torpemente? Del pelotudo que sólo debería haberme invitado a su fiesta de despedida de soltero para evitar un libro entero sobre cómo se culearon a su prometida.
    
    ¿Por qué mierda puse entre nosotros a nuestros trabajos, nuestros ...
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