-
¡Gracias, sobrino!
Fecha: 17/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos
... alquilamos un toldo frente a la exquisita playa, de aguas color turquesa y arenas blancas como el marfil. Había llevado mi bolso térmico con las cervezas, unas gaseosas y unas tapas frías para picar mientras pasábamos unas cuatro horas bajo el inclemente pero acariciante sol caribeño. Me tumbé sobre la toalla con mi cerveza a la mano, exponiendo a la vista de todos los bañistas que transitaban, mis dos brillantes glúteos escasamente cubiertos por la tanguita. Comencé Con naturalidad le pedí a Ricardito que me regara el bronceador sobre mi parte trasera, espalda y piernas. Las frías gotas del líquido aceitoso me erizaron la piel. Las manos temblorosas de mi sobrino, recorrían tímidamente cada centímetro de mi cuerpo. Apenas si sentía sus dedos. Lo animé a imprimirle más presión para que el aceite de coco penetrara en mi dermis, o por lo menos eso le inventé. Me imaginaba lo que estaría pasando por su mente y como estaría su polla en este momento. Al llegar al final de mi espalda, se quedó paralizado por unos segundos. —Ponme en las piernas, por favor —Le dije. Enseguida reanudó su manoseo cada vez menos taimado. Cuando llegó a mis tobillos, abrí levemente las piernas, invitándolo a que retornara por la parte interna de mis piernas. Así lo hizo. Su fuerte mano se entretuvo juguetona a la altura de mis rodillas, como pidiendo permiso para seguir subiendo hasta mi entre pierna. El lenguaje corporal no falla. Abrí un poco más mis piernas en señal inequívoca de ...
... querer ser manoseada más arriba. Entendió el código instintivo de los animales y subió peligrosamente hasta pocos centímetros de mi humedecida concha. Estuve a punto de levantar mis nalgas para que conquistara su victoria bien ganada. Por momentos me olvidé que estaba tirada sobre una toalla ante las miradas de los bañistas. —Gracias, Ricardo —Le dije. No sé hasta donde sería capaz de llegar mi sobrino ante el ataque despiadado que le había montado. Me sentí remordida. Si el muchacho metía su mano en mi coño, habría sido culpa mía. De eso no tengo dudas. Pasé dos horas, tomándome las cervezas y aprovechando el sol. Mi sobrino estuvo sentado a mi lado como perro fiel cuidando a su amo. —Vamos a bañarnos —le dije. Saltó como disparado por dos resortes y me extendió su mano para ayudarme a parar. Nos metimos en las aguas tranquilas como una piscina y él comenzó a nadar como el muchacho que era. Así estuvimos algún rato, nadando y jugueteando. No había mucha gente. Yo me colgaba a su espalda y lo conminaba a nadar conmigo encima. Le gustaba el juego y a mí también. Para mala suerte mía, o tal vez no tan mala, pisé un saliente de coral y sentí un dolor terrible en la planta de mi pie. —¡Ay, ay, pisé algo filoso! —Grité. —¡Para ver, tía, donde! —Aquí, aquí —Le dije mostrándole mi talón que se resentía del dolor causado por el coral. Me sujetó por la espalda y revisó sutilmente mi pie. El dolor fue muy intenso, pero gracias a Dios, no tuve rotura y se fue ...