1. ¡Gracias, sobrino!


    Fecha: 17/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos

    ... mitigando rápidamente. Me colgué de su cuello, fingiendo un dolor mayor y cerré mis ojos.
    
    Mi sobrino me sostuvo cariñosamente y yo me pegué como una babosa a su huésped. Lo abracé de frente contra su abdomen de hierro, exclamando dolor cada instante que lo apretaba contra mí.
    
    —¿Te duele mucho, tía?
    
    —Sí, sí, me duele. Ay, ay…
    
    A medida que lo apretaba, fui sintiendo como su polla se endurecía e intentaba atravesar mi pelvis. Se puso muy nervioso y se desbordaba en palabras de aliento por mi dolor. Allí permanecí unos minutos, paralizada por aquel revolver que intentaba asesinarme. Tuve que controlarme para no sumergirme y meterme ese pollón dentro de mi boca. Frotándome de esa manera pecaminosa, y fingidamente natural y casual, logré esconder mis gritos de placer orgásmicos, con el ya desaparecido dolor de mi pie.
    
    Salí del agua apresuradamente, tratando de que Ricardo se quedara un poco más de tiempo para que su erección pudiera disimularla. Me di por desentendida, mientras comencé a recoger mis cosas para regresar al apartamento.
    
    Llegamos directamente a sacarnos el agua salada. Mientras mi sobrino se metió a ducharse, yo me quedé organizando las cosas que había traído de la playa. No había querido observarlo, estaba cavilando profundamente sobre lo ocurrido los últimos días. Aquello me estaba volviendo loca. El encierro obligado y mis fantasías eróticas con mi sobrino me tenían los nervios de punta. Disfrutaba mucho todo aquello, pero mis necesidades ...
    ... carnales estaban necesitando ser complacidas, más allá de los escarceos juguetones con Ricardo. Alex, cada día más distante y menos interesado en cogerme como yo exigía. Estaba al borde de cometer una locura. No, ni pensarlo.
    
    Con mi tanga y el pareo que la cubría, me dirigí a mi cuarto a desprenderme de la arenilla y el agua salada impregnada en mi cuerpo. No había traspasado la puerta cuando escuché un golpe seco y un quejido de dolor proveniente del baño donde estaba mi sobrino duchándose.
    
    Corrí hasta la puerta del baño y toqué la misma preguntándole alarmada:
    
    —Qué pasó, sobrino, qué pasó?
    
    —Ay, tía, ay… Nada, nada, solo fue un resbalón —me respondió del otro lado de la puerta. Sus alaridos seguían escuchándose, a pesar de que me decía que no era nada.
    
    —¡Cómo que nada! Voy a pasar para ver que te sucedió. —Estaba asustada. Si le pasaba algo grave a mi sobrino, eso podría afectar su plan de entrenamientos y eso me haría meter en problemas con mi cuñado. ¡Qué sé yo! No tuve nada que ver con su accidente pero me sentía responsable por lo que pudiera ocurrirle.— Voy a pasar a ver que te pasó —Le dije.
    
    —No, tía, no… ay, no es necesario —me respondió aun adolorido.
    
    Hice caso omiso a su negativa y moví lentamente la manilla de la puerta para que el escuchara y se cubriera sus partes íntimas.
    
    Cuando abrí la puerta, mi sobrino estaba tirado en el piso de la ducha, tapándose su polla con una pequeña toalla de secar la cara y sus manos agarrándose con dolor su ...
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