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¡Gracias, sobrino!
Fecha: 17/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos
... logré manipular los comandos del zoom para acercar la imagen y ver más de cerca el desarrollado aparato que colgaba de aquellas piernas quemadas por el sol. Colocó su paño en el aro toallero y se metió cual gigante dorado dentro de la ducha. Mientras el agua caía por su escultural cuerpo, pasé el seguro a la puerta y saqué del closet el primer dildo que encontré. Me tumbé sobre el edredón y me quité la pequeña prenda que cubría mis partes íntimas. El blúmer estaba empapado con mis jugos. Con una mano comencé a frotarme suavemente y con la otra, manipulaba torpemente los comandos del teléfono. Mi sobrino se extasiaba con el agua y el jabón que cubría todo su cuerpo. Cuando se detuvo en su polla, su mano comenzó a juguetear rítmicamente sin soltarla. Estábamos en una masturbación simultánea, si se puede llamar así. Mi consolador entró en mi vagina sin ningún rechazo. Mi fuente de lubricación, estaba trabajando al máximo. Lo metía y lo sacaba, lo metía y lo sacaba, mientras miraba aquella polla resbaladiza escurrirse entre los dedos de Ricardo. Me corrí rápidamente. Mi cuerpo se retorcía ante el espectáculo que estaba viendo. Sin dejar descansar mi juguete, seguí penetrándome con más furia. Quería más. No me reconocí. Mi cuerpo temblaba y con él, el móvil que tenía en mi mano cerca de mi ojos. Ricardo aumentaba su ritmo y se empinaba sobre sus pies, presagiando la pronta erupción de su volcán. Sus nalgas se contrajeron y un torrente de miel lechosa salió expedido ...
... de su cañón. “¡Tía, tía, que rico!” Logré escuchar en el celular. Mis oídos no podían creer lo que oían. ¡Dios, mi sobrino se estaba pajeando conmigo! Ese clamor de Ricardo me elevó a niveles nunca antes vividos. Mi cuerpo se sacudió como impulsado por electricidad y luego empuje fuertemente mi dildo hasta donde se colocan las baterías. Me corrí dos veces seguidas mientras presenciaba, temblorosa, a mi sobrino escurriendo su hermosa polla. Caí extasiada. Lo que les comenté hasta ahora, no había creado en mí ningún sentimiento de culpa en mi consciencia. Lo que podría ocurrir en los próximos días, sino controlaba mis desenfrenadas fantasías, era harina de otro costal. El sábado terminó de transcurrir con normalidad. Llamé a Alex para cuadrar la salida a pescar el domingo. Lamentablemente, la lancha la había metido a la marina para el mantenimiento de rigor pero no estuvo a tiempo por lo difícil de la situación actual. El muy bobo, ya había cuadrado irse de pesca en otro bote con sus amigos en una jornada para puros hombres, como decían ellos. No me molesté. Ya se estaban haciendo rutinarios los desplantes de Alex. No soy mujer de achicarme por eso, la mañana del domingo compré unas cervezas, metí en mi maletera dos sillas playeras y me llevé a Ricardo a la playa que estaba ubicada a diez minutos de mi apartamento. Me puse la más atrevida de mis tangas, una prenda negra con escasa tela que se ajustaba perfectamente a mis contornos. Llegamos cerca de las 11:00 am y ...