-
¡Gracias, sobrino!
Fecha: 17/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos
... pantorrilla. —Ay, tía me duele mucho, me golpee la espinilla con el borde del piso. Tenía su pierna marcada con una leve hendidura en donde había chocado con el borde filoso. Enseguida me di cuenta que no era nada grave pero si una zona que produce mucho dolor al ser impactada. Le extendí mis manos para ayudarlo a incorporarse desde aquella posición tan incómoda en la que estaba. Hice un gran esfuerzo para tratar de levantar sus 90 kilos del piso, resbaloso aun por el jabón que permanecía en la superficie. Mi sobrino, con una mano, cubría su polla con el diminuto paño, y con la otra se aferró a mi buscando levantarse completamente del piso. En cuestión de segundos, todo se derrumbó, como dice la canción. Por un lado resbalándome yo, y por el otro cayendo los dos como un árbol al que lo cortan desde su tallo. Ricardo, instintivamente soltó la pequeña toalla y me sostuvo para evitar que cayera largo a largo sobre las baldosas de la ducha. Lo que a continuación les voy a narrar, lo hago con lujo de detalles porque lo reviví varías veces observando lo que quedó grabado en la cámara que nos apuntaba desde arriba. Luego de la caída, mi cuerpo quedó atrapado encima de mi sobrino a escasos centímetros de su polla. Previamente, en su primera caída, Ricardo estuvo masturbándose desaforadamente antes de caer. A cada rato, exclamaba mi nombre y sus manotazos se hacían cada vez más acelerados. Cuando estaba a punto de correrse, y con mi nombre escapando de sus labios, se ...
... inclinó exageradamente sobre sus tobillos y la mano que lo sostenía de la pared la soltó para exprimir su polla con ambas manos. En ese momento, resbaló y golpeó su pierna con el borde del piso. Eso había pasado minutos antes. Ahora, ya encima de él, desnudo y empollado, la situación se hizo incomoda. A mí, me dio por reírme pero sin quitarle de encima los ojos sobre su cañón desafiante. Ricardo, buscaba afanosamente la toalla que había volado hacía el área del WC. Mi pierna rozaba se espadón y me quemaba todo el cuerpo. Estuvimos varios segundos en esa posición absurda y fortuita. —Tía, perdón, tía —me decía todo apenado. Riéndome de aquello le pregunté: —¿Perdón por qué sobrino, yo fui la culpable de que nos cayéramos? —No, tía. Me avergüenza que me veas así en estas condiciones —agregó. ¿Cuáles condiciones? —le pregunté haciéndome la desentendida. —Así, tía, desnudo y así… tú sabes —Dijo eso señalándome su mano cubriendo a duras penas su polla a reventar. Yo estaba cachondísima. Estar encima de él en esa posición tan extraña y sintiendo su nerviosismo que no lograba bajar su erección, estaban minando las pocas fuerzas que me impedían saltar sobre aquel miembro imponente que amenazaba con echar por tierra el poco freno que me quedaba. —Déjame pararme, tía —dijo casi en un susurro. Nos intentamos parar simultáneamente y al hacerlo quedamos abrazados, con mi pequeña tanga como única barrera que me separaba de su bastón. Verlo así, sumado al recuerdo ...