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¡Gracias, sobrino!
Fecha: 17/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos
... desayunar? —Le pregunté cariñosamente. —Nada, tía, lo que tú quieras —respondió. Lo invité a sentarse en la cama para que viera el programa que yo estaba viendo. Conociendo su afición a los deportes, le pregunté: —¿Quieres ver algún programa deportivo? Con tono ensimismado me respondió: —Bueno, tía, sí. Si quieres me pones Futbol Español en el 606 de Directv. Se tumbó en la cama y recostó su espalda emocionado por el programa que iba a ver. Lo que no sabía era que yo tenía otros planes que frustrarían los suyos. Le entregué el control remoto y lo dejé que buscara su canal. Uno al lado del otro, comenzamos a ver a dos tipos hablando de futbol. Movía mis piernas, me sentaba, me movía de un lado a otro, y así, poco a poco fui desconectándolo de la tele. Hurgaba mi teléfono y ponía en escena mis poses ya ensayadas y que mostraban, con mayor atrevimiento mis atributos. Pillé sus ojos escrutando toda mi humanidad. Me tumbé frente a él, dándole la espalda y lo deje que mirara sin restricciones. Me inclinaba de vez en cuando, para que mis nalgas, sutilmente cubiertas y amenazantes, le apuntaran como un par de melones rozagantes. Aquel juego me tenía más que cachonda. Olvidé el libreto y creo que le estaba mostrando más de lo acordado con mi mente perversa. Sentía mi vagina palpitar al ritmo de mis latidos cardiacos. Me volteé de nuevo hacía él y me recosté paralelo a su espalda. Me tocaba a mí ver a mi sobrino. Desde esa posición logré ver como su polla ...
... amenazaba con desgarrar su diminuto short. Creo que se sintió observado porque tapó disimuladamente su entrepierna con la almohada que tenía a su lado. Me imaginé esa descomunal polla y un escalofrío recorrió mi vulnerable cuerpo. Así pasó media hora aproximadamente. Ya alterada por el macabro juego, decidí darme una ducha para calmar la calentura que tenía. Me paré de la cama y le dije: —Ya debes tener hambre, sobrino. Tomo un baño y te preparo unas arepas. —gracias, tía. Está bien, si quieres te ayudo, pero antes me voy a duchar también —Agregó. Pronunciadas estas palabras, mi sobrino abandonó la habitación con su bulto arremangado pero que no podía esconder la erección que tenía. Todo salía a la perfección. Cerré la puerta y enseguida me aferré al teléfono para ver a Ricardo bajo el agua de su ducha. Ya había descartado que lo vería esa mañana, pero la cachondez de exhibirme y ahora de mirarlo desnudo por el móvil, no tenían precio. Lo vi perfectamente entrar al baño. La imagen que reflejaba la cámara era nítida y surrealista. Me felicité por ser tan atrevida. Definitivamente, había descubierto, que además de disfrutar ser mirada con deseo por los hombres, existía dentro de mí, un placer mayor que era fisgar a través de una cámara. Cuando se retiró su prenda, mis ojos no daban crédito a lo que veían. La espada erguida que se asomaba en su entrepierna, era un pollón parecido al más grande de mis consoladores. El móvil temblaba entre mis manos. Con dificultad ...