1. Estaba loca, pero era mi loca


    Fecha: 16/03/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... jugos. Sus gemidos eran deliciosamente deliciosos. Su culo buscaba mi lengua. La quería dentro. Cómo no se la di, al rato me dijo:
    
    -Azota mi culo. Estoy siendo muy mala
    
    Recordé lo que me dijera Paco: "Si te dice que le azotes el culo, dale con tu palma ahuecada golpes secos y sin mucha fuerza..."
    
    Le di con la palma ahuecada en las dos nalgas.
    
    -¡Plas, plas!
    
    -¡Ay! ¿Ves, ves cómo eres Javier? Azotas cómo él.
    
    Le daba, le volvía a dar, luego lamía y besaba las nalgas y el ojete, le daba de nuevo... Acabó por decir:
    
    -Folla mi culo con la lengua.
    
    Le abrí las nalgas coloradas y con la punta de la lengua le follé y le lamí el coño, un coño que ya no olía a polvos de talco, olía a bacalao... Luego fui a por el ojete y follé y lamí, una vez, dos, cuatro, ocho, quince, veinte veces...
    
    Eugenia quería la polla dentro de su culo.
    
    -¡Métela, amor mío, métela!
    
    Cuando le froté la polla en el ojete, buscó con el agujero mi glande, al tenerlo justo en la entrada, empujó el culo hacia atrás para que mi polla entrara en su ano. No se la di. Volví a lamer desde el coño al ojete. Mi tía estaba gozando una cosa mala. Me dijo:
    
    -Si sigues me corro, Javier
    
    Le acerqué la polla al ojete. La cogí por la cintura y se la clavé hasta la mitad de una estocada. De otra ...
    ... estocada se la metí toda. Sintiendo mis huevos pegados a su periné y mi polla en el fondo de culo, se tocó la pepita y se corrió con un temblor de piernas y de tetas que parecía que se iba a romper.
    
    Al acabar, me dijo:
    
    -Quiero volver a ver tu cara al correrte.
    
    Se la quité. Hice que se pusiera boca arriba. Le metí la polla en el coño. Cerró las piernas, me echó las manos al culo, me besó y esperó a que la follara. Apoyé mis manos sobre la cama y mirándola a los ojos comencé a follarla haciendo palanca con mi culo. La folle sin prisa pero sin pausa. No sé el tiempo que pasara cuando me clavó las uñas en el culo, luego su cuerpo se puso tenso. Su ceño se frunció. Su coño apretó mi polla y sentí cómo me la mojaba. Vi su cara, con los ojos cerrados y la boca abierta. Dejándome caer sobre ella y sin dejar de mirarla le llené el coño de leche.
    
    Fue algo mágico, inolvidable, como inolvidable fueron sus palabras después de acariciar mi rostro y apartar mi cabello hacía un lado, cuando dijo:
    
    -Te echaba tanto de menos que si no llegas a volver acabaría quitándome la vida.
    
    Estaba loca, muy loca, pero era mi loca y me volvió loco algo más de cuarenta años.
    
    Alba, un año después, cuando yo ya vivía con Eugenia en otro pueblo, dejó mi padre y se fue con un taxista.
    
    Quique. 
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