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Estaba loca, pero era mi loca
Fecha: 16/03/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... claro que lo conocía, era Benito, el cabrón más grande del pueblo, un viejo usurero que llevaba toda la vida comiendo a cuenta de los desgraciados, ya que si prestaba cien pesetas le tenían que devolver quinientas. Me fui sin hacer ruido. Al llegar a la casa de mi tía llamé a la puerta con el aldabón. Sentí pasos y una voz que preguntaba: -¿Eres tú, Amalia? -No, soy tu sobrino José. -¡Javier! Mi voz le debió parecer la de su difunto marido. Abrió la puerta, y al verme se desmayó. Entré, cerré la puerta, la cogí en brazos, me adentré en la casa, llegué a una sala y la puse en un sillón de tres plazas de cuero negro. -Javier -dijo al abrir los ojos y verme. -No soy Javier, soy tu sobrino José, El hijo de tu hermana Elvira. Vengo a avisarte de que esta noche van a venir a robarte y piensan matarte. Mi tía seguía en las suyas. -Eres Javier y vienes a protegerme. Seguro que te guía tu madre desde el cielo. -¡Que soy...! -Eres Javier, reencarnado, pero eres Javier. Mi padre tenía razón, estaba loca. Veía lo que quería ver. -Me voy, me voy directo al cuartel de la guardia civil. Agarró la pernera de mi pantalón y me suplicó: -¡No te vayas aún, Javier, no te vayas, por favor! Se levantó del sillón, subió el velo, bajó la cabeza, me cogió las mejillas con las dos manos y me dio un beso a nivel que casi me caen los calzoncillos a plomo, sí, un beso de esos largos, muy largos, en los que te dan un pico, con ternura, luego te van metiendo la ...
... lengua en la boca, esa lengua busca la tuya, la lame, la chupa dulcemente y acaba comiéndola. En mi vida estuviera tan empalmado ni tan acojonado. Empalmado porque nunca me había besado una mujer y encontré los labios de mi tía dulces, suaves y en su lengua encontré una bomba que casi hace que ponga perdidos de leche mis calzoncillos, y acojonado porque si no me iba de allí iba a hacer un ridículo espantoso, ya que de sexo sabía dónde tenían las mujeres el coño y las tetas y poco más. -Me tengo que ir -le dije separándome de ella-, no vaya a ser que se adelanten, con esa gente nunca se sabe. Al ver que me iba, dijo: -Vuelve pronto, amor mío. ¡Cómo estaba mí tía! Había visto cabras locas más cuerdas que ella, ¡pero cómo besaba la jodida! Fui al cuartel de la guardia civil. Me escuchó un sargento con un tremendo mostacho... Al irme, dándome una palmada en la espalda, él me dijo: -Déjalo todo en nuestras manos. Lo dejé, en sus manos y en sus pistolas, ya que los forasteros al verse sorprendidos se liaron a tiros y acabaron más tiesos que la mojama, ellos y el usurero. Estuve cinco días sin ir por el caserón, pero al sexto fui, me subí al naranjo y esperé... Al encenderse la luz vi a mi tía. Llevaba puesto un vestido de flores rojas, azules y blancas, y calzaba unos zapatos negros de aguja de color negro. Me imaginé que esperaba que fuese a verla y se había puesto guapa. Se quitó los zapatos, se sentó en la cama, levantó el vestido y se quitó las medias ...