1. Estaba loca, pero era mi loca


    Fecha: 16/03/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... que llevaba sujetas con unas ligas rojas. Las quitó lentamente, cómo si supiera que la estaba mirando. Se levantó y quitó el vestido, debajo llevaba un sujetador y unas bragas negras. Abrió el sujetador por detrás, agarró las copas con las dos manos y se apretó las tetas, al quitar el sujetador las magreó, después levantó el culo, quitó las bragas, las olió y las tiró al piso de madera de la habitación. Se echó sobre la cama, estiró brazos y piernas y echó la cabeza hacia atrás, ese estiramiento típico de cuando se tienen ganas, después metió una mano entre las piernas.
    
    Vi cómo la movía. Hice cuentas y me salieron ¡Las mujeres se hacían pajas! No era una leyenda pueblerina. Saqué la polla empalmada, la meneé mirando para ella y en un par de minutos me corrí cómo un perro. Mi tía se tomó su tiempo, ya que dejaba de tocarse el coño, acariciaba las tetas, volvía a jugar con su coño, y así llevó más de media hora. Acabó la primera paja cómo empezara, estirándose y echando la cabeza hacia atrás. Esta vez su cuerpo se sacudió, y las hojas del naranjo también, ya que me corrí de nuevo. Mi tía Eugenia se siguió tocando. Yo tuve que dejar de mirar y volver a casa. Tenía que llegar antes de las once o mi padre me molía a hostias, o lo molía yo a él, pues ya me estaba cansando de recibir y de ver cómo recibía mi madrastra.
    
    Al día siguiente, Arturo, mi padre, que era un hombre de estatura mediana, corpulento y muy fuerte, le llamó a mi madrastra de todo menos bonita por haberse ...
    ... olvidado de traer el vino. Delante de mí le dio una bofetada, le escupió en la cara y se fue para la taberna. Me juré a mi mismo que algún día lo iba a poner fino. Al irse mi padre, Alba, mi madrastra, que era una mujer que lo tenía todo grande, menos la nariz, se metió en su habitación y cerró la puerta con llave. Cómo no soltara ni una lagrima, pensé: "¿Se irá a hacer una paja?" Al momento volví a la realidad. Lo de mi tía me estaba haciendo mucho daño. Fui a cortar leña dando un portazo, no porque quisiera darlo, sino porque debía estar una ventana abierta, y el aire cerró la puerta. Cortando leña volví a ver a mi tía tocándose y me empalmé. Me acordé de nuevo de Alba. Mi puñetera curiosidad me llevó a volver a casa, cerrar la puerta con cuidado y pegar la oreja a la puerta de su habitación. Lo que oí me la puso aún más dura.
    
    -Escupe en mi coño y métemela, Pedro.
    
    Pedro era el vecino, un hombre que se llevaba a matar con mi padre. Aparté la oreja, pero ya oí sus gemidos, el ruido de los roces de sus dedos en el coño y algo así como un chapoteo. Cerré los ojos y vi a Alba desnuda. Imaginé sus grandes tetas, a mi manera, con inmensas areolas y pezones cómo pitones, vi su coño peludo e imaginé que me decía. "Escupe en mi coño y métemela, José.". Saqué la polla y la machaqué con ganas mientras sentía los gemidos de Alba... A rato se corrió diciendo:
    
    -¡Me corro, Pedro, me corro!
    
    -Me corrí cómo un cerdo.
    
    Al acabar, limpiando la leche del suelo con un pañuelo, me dije ...
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