1. Una ciudad muy caliente para mi madre


    Fecha: 19/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... dándose la espalda, con las piernas dobladas hacia delante, sin una sábana que las cubriera y … ¡estaban desnudas! ¡completamente desnudas! ¡No, no era así!
    
    Su madre todavía conservaba puestas sus bragas, sus pequeñas braguitas blancas, no se las había quitado como sí había hecho con su camisón.
    
    Se habían despojado de la toalla y del camisón, dejándolos en una silla próxima.
    
    Debieron suponer las dos mujeres que el adolescente, al tomar el somnífero, se quedaría profundamente dormido y no vería a su madre y a su tía, que por el calor, se quitaran toda la ropa o casi hasta quedarse prácticamente desnudas y así dormir mejor, con menos calor.
    
    Ninguna abrió los ojos ni se movió por lo que el joven pudo concentrarse en observarlas las tetas, las piernas, los muslos y, por supuesto, el culo.
    
    Las tetas de su madre semejaban dos melones y eran mayores que las de su tía, que parecían cocos partidos por la mitad.
    
    Las caderas y el culo de su madre también eran mayores que los de su tía, pero no por ello menos sabrosos sin una pizca de flacidez ni de celulitis.
    
    Las piernas de ambas eran largas y torneadas, quizá ligeramente musculosas para el gusto de Juan.
    
    En ningún caso podía verlas nítidamente los coños, ya que los muslos los tapaban.
    
    Las areolas de los senos eran grandes, como del tamaño de un euro, y oscuras, casi negras, mientras que los pezones estaban retraídos, no como antes que los tenían erectos y empitonados, tanto cuando iban por la calle y las ...
    ... piropeaban como cuando se las follaban.
    
    No se podía decir precisamente que estuvieran gordas, tenían la carne justa en los sitios justos, tetas y culo, y toda maciza y de primera.
    
    Era evidente que las dos mujeres ahora descansaban, no estaban excitadas sexualmente como lo estaba el joven viendo los cuerpos de su madre y de su tía.
    
    Cogió su móvil ya que quería hacer fotos a las dos potentes hembras, prácticamente desnudas, para pajearse compulsivamente en la intimidad mientras las veía y no tener solo la imagen en la memoria.
    
    Las tomó un par de fotos pero eran demasiado oscuras y movidas.
    
    Era evidente que la luz que salía del cuarto del baño no era suficiente para obtener fotos nítidas, así que, pensando que las diría si las despertaba, se acercó al interruptor y encendió la luz de la habitación, iluminando la habitación y a las dos voluptuosas mujeres sobre la cama.
    
    Ellas ni se inmutaron ni abrieron los ojos, continuaron dormidas, respirando profundamente como antes, sin mover ni un solo músculo del cuerpo.
    
    Ahora sí que tomó fotos nítidas, una tras otra, de las dos juntas y de cada una de ellas, de cuerpo entero y de detalles, de las tetas, del culo, de las caderas, de los muslos, de las piernas, y de sus rostros.
    
    Después de tomarlas fotos las sacó vídeos.
    
    También quería sacarlas fotos y vídeos de sus coños, pero, para hacerlo, debía colocar a las dos mujeres bocarriba. ¿Se despertarían?
    
    Temía que, al intentar voltearlas, se despertaran, aun así el ...
«12...91011...15»