-
Una ciudad muy caliente para mi madre
Fecha: 19/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... las observó con detenimiento el coño, incluso los tocó, acarició entre sus labios vaginales, y metió su dedo en los accesos a sus vaginas. Seguían dormidas, sin abrir sus ojos, aunque las caricias insistentes en sus sexos las hicieron gemir y suspirar, e incluso se mordisquearon los labios y pasaron sus sonrosas lenguas por ellos, pero … no abrieron los ojos ni se despertaron. Era evidente que las partes más sensibles de las dos hermanas eran sus pezones y sus coños, así se explicaba cómo se corrieron cuando se las follaron los dos tipos en el alcázar, cuando las violaron. Optó por masturbar a la que le daba más morbo, a la que estaba más buena, a su madre. Y masturbarse también él mientras lo hacía. Con una mano empezó a pajear a su madre y con la otra a él mismo. Mientras lo hacía, pensó: A sus catorce años nunca había follado, ya que no contaba aquella ocasión, hacía menos de un mes, que se corrió en las bragas de Paqui, su compañera de clase, antes de lograr metérsela por el coño, pero había visto tantas películas porno en su ordenador de casa que dominaba el arte del folleteo, o al menos eso pensaba él. Se quitó el calzón que llevaba, quedándose también él totalmente desnudo, ¡desnudo y empalmado! Se miró orgulloso el cipote todo erecto y congestionado apuntando a su cabeza y, lentamente se tumbó en la cama entre las dos hermanas donde se hizo varios selfies con ellas, algunos tocándolas las tetas y otras el coño, a cada una y las dos hermanas a la ...
... vez. Ya solo le quedaba follárselas. Se levantó de la cama, y, colocándose en el suelo de pie al lado, separó con cuidado y despacio las piernas a su madre, y puso sus brazos apuntando a la cabecera de la cama. Se subió otra vez el joven en la cama, pero ahora bocabajo entre los muslos abiertos de su madre. Apoyándose en los antebrazos observó el rostro de su madre, inicialmente por si despertaba, pero, al ver que seguía durmiendo, la observó sus hermosas facciones, sus pómulos, sus ojos, su boca y pensó lo bien que debían mamar esos labios suaves y abultados, debían hacer unas maravillosas mamadas de fábula, que hicieran brotar todo el esperma de una buena polla bien hinchada y congestionada. ¿Cuántas vergas se habría comido esa lasciva boca? ¿Cuántos cipotes habrían acariciado y succionado esos libidinosos labios? Llevó Juan su boca hacia una de las tetas de Rosa y la dio un lametón, saboreándolo. Le supo bien, a morbo, a placer prohibido. Luego le dio otro y otro, otro más en el pezón. Jugueteó con la punta de su lengua en el pezón notando cómo crecía y crecía cuanto más retozaba con él. De una teta fue a la otra, no sin antes echar una breve mirada a los ojos de su madre por si despertaba. Estuvo varios minutos gozando de las tetas de Rosa y más aún cuando ella, sin llegar a despertar, siempre suspiraba, gemía e incluso se mordisqueaba los labios y los recorría con su lengua. Incluso la escuchó susurrar entre sueños: Pero ¡qué coño ...