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La danza del deseo
Fecha: 20/04/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Gargola, Fuente: CuentoRelatos
... sabe ahora que también es el foco de sus fantasías y que por tanto puede que los sentimientos sean compartidos. Sea como fuere, el camino se le ha allanado considerablemente. Es la hora de comer y entre los cuatro han puesto los enseres de la mesa. Yolanda e Irene están sentadas una al lado de la otra y Guillermo y su esposa enfrente. Es su esposa quien sirve la comida en los platos mientras habla de forma distendida comentando la actuación de las dos bailarinas. Yolanda interactúa en la charla e Irene lo intenta, pero tiene la cabeza en otras cosas. Guillermo baja la vista. Todavía sigue abochornado por lo que ha pasado y le atormenta saber qué pensará ella de su comportamiento, en cambio un pie parece responder a su pregunta y recorre su pierna para acabar posándose en su entrepierna. Guillermo levanta la vista y la mira sorprendido contemplando una cara traviesa y una lengua que recorre sutilmente, y de forma imperceptible su labio superior. Guillermo empieza a notar como la sangre fluye hasta su polla y en pocos segundos la tiene hinchada y dura. Irene percibe, tanto la hinchazón como la dureza y empieza a frotar el pie sobre la erección. Su mujer le comenta algo, pero él parece no haberse enterado de nada y vuelve a insistir. —¿Me has oído? —le pregunta. —¿Eh? ¿Qué? —Que traigas el agua —le repite. Guillermo se levanta intentando disimular su erección con las manos. Sólo Irene se da cuenta del detalle y de su cómica forma de ocultarla y sonríe ...
... maliciosamente. Cuando regresa a la mesa sus miradas se enfrentan y se convierten en cómplices. Sólo le aparta la mirada unos segundos para echarle otro vistazo al paquete que le quita el sueño. Entre frases de plié, relevé y puntas transcurre la comida mientras el pie de Irene intenta masturbarle. Se ha descalzado y siente la dureza de la polla en su planta y en sus dedos. Intenta agarrarla con ellos, pero no tiene libertad de movimientos y le es difícil, no obstante lo frota arriba y abajo, e incluso puede calibrar un tamaño que se le antoja muy prometedor. Guillermo apenas ha comido y cuando considera que no es descortés por su parte ausentarse, se disculpa y se levanta excusándose en que necesita descansar, pero Irene sabe lo que pasa y lo que va a hacer. Sólo lamenta no poder ir con él y ser ella la que lo consuele. Puede imaginarse la escena. Él está desnudo en la cama masturbándose y pensando en ella. Irene coge su verga y lo reemplaza, primero con movimientos lentos poniéndolo cada vez más caliente, a continuación la mano acelera los meneos y ella ve como se contorsiona y goza con su mano. Guillermo intuye que no es la primera polla que masturba porque se la ve con mucha soltura y sabe lo que hace, pero todo está en su cabeza. La realidad es que Guillermo está corriéndose en ese momento esparciendo su leche en su pecho, lo que no sabe es que Irene también se corre friccionando sus muslos con su pelvis, aderezadas con sus pensamientos. Cierra los ojos por un momento ...