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Memorias inolvidables (Cp. 11): Si algo puede salir mal
Fecha: 10/06/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
Si algo puede salir mal, saldrá mal. No hay duda. Lo nuestro fueron dos años y medio de convivencia alternativa entre Eduardo y la Universidad. Los tres veranos hacíamos vida en común en la casa de sus papás a los que llegué a llamar papá y mamá. Todavía hoy lo hago. No suelo ir a mi casa porque solo me interesa mi padre, pero cuando mi padre va a ver a su amigo Onésimo, todavía hoy lo acompaño, si me es posible, y me paso el día con mamá, por supuesto mamá Emerenciana. Solo cuando le hablo a mi padre de ella digo mamá Emerenciana, para que no se confunda. Ella se portó conmigo como una madre cuando me llegaron las desgracias que rompieron de cuajo mi felicidad, me quitaron mi amor y me dejaron más vacío que una caña, solo me quedaban los nudos del dolor y las telarañas del desconsuelo. Hasta que vino el mal, fui muy feliz. Los tres veranos, decía, los pasábamos juntos, trabajaba con papá Onésimo, me dejaba abrazar por mamá. Los niños pequeños crecían y yo ante ella bajaba mi edad. Ella sabía cuánto amor materno y fraterno necesitaba yo y me lo daba y hacía que me lo dieran los niños. Los niños me veían en el sofá casi acunado por mamá y venían a hacerme los jueguitos que yo les hacía tres años atrás. Me hacían reír y me sentía mimado por mamá y por mis cuatro hermanitos. Hasta Eduardo me mimaba. Habíamos llegado a un estado de felicidad todos que nos cuidábamos cariñosamente. Mi papá veía eso cuando venía y, además de alegrarse, también decía a mamá: — ...
... Emerenciana, no le consientas tanto que él se toma más de la cuenta. Luego lo repetían todos los niños con el mismo tono: — Emerenciana, no le consientas tanto que él se toma más de la cuenta. Luego Eduardo añadía: — Ya se lo ha tomado y me ha desplazado a mí del regazo de mamá. Mamá, sonreía y callaba. Así fue nuestro noviazgo, lleno de felicidad y alegría. Era una vida de niños en familia y unas expresiones de amor que unas veces eran puro cariño, sonrisas, juegos, besos inocentes, otras veces se encendía el fuego de la pasión y actuábamos como salía de nuestro animal, ese animal que llevamos cada uno dentro. Es el gran peligro del amor, que no tiene consideración, todo es desbordante. Del amor al egoísmo hay un pequeño paso, de hacer las cosas para la felicidad del amado a hacerlas porque nos hace felices a nosotros mismos. Por eso en el amor es conveniente cuidar detalles de cariño, de juegos, de delicadeza, dulzura, de finura incluso; no es afeminar el amor, es hacerlo cada día nuevo. Eso procurábamos hacer Eduardo y yo. Nunca noté en Eduardo una mínima preocupación que le hiciera sufrir más de la cuenta. Lo que nos ocurría nos lo contábamos todo y vivíamos envueltos en paños de felicidad. ¡Cómo se siente cuando esto se pierde! Yo me encontraba haciendo el MIR en el hospital de la ciudad. Las cosas iban bien y ya me veía muy próximo el final de mis estudios y con el título y la licencia en la pared, Eduardo como enfermero o secretario profesional y viviendo ambos ...