1. Memorias inolvidables (Cap 2): Don Timoteo Sampedro Tremedal


    Fecha: 23/06/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... forzaba a entrar. Algo me dolía pero esperaba el placer posterior. Todo el rato haciendo lo mismo y metiendo la lengua como quien espera un orden.
    
    — Eduardo, méteme tu polla, ¡ya!
    
    Me dio la vuelta violentamente, se cargó sobre sus hombros mis pies y apuntó su polla a mi culo y ¡zas!, la metió de una sola vez. Me hizo daño, pero yo ya tenía en mi culo lo que deseaba. Creía que se haría eterno y me apresuré:
    
    — ¡Folla, Eduardo, folla! ¿No te detengas, cabrón!
    
    — Pues ahí va, hijueputa, aguanta mi mierda.
    
    Comenzó una follada magistral. Y se corrió dentro de mí, pero en abundancia. No pude contar las chorretadas, porque de inmediato se despertó en mí el orgasmo y llené nuestros cuerpos de mi propio semen. Lasos, cansados, extenuados y figurativamente muertos nos quedamos un rato uno junto al otro, besándonos rememorando el placer que aún sentíamos.
    
    De pronto recordé que nuestros padres ya habrían acabado y que me esperarían para cenar y le dije a Eduardo:
    
    — Hemos de irnos a cenar.
    
    — ¿Dónde?
    
    —Con nuestros padres, —le dije.
    
    — ¿Estás loco? Tú…, vale, pero yo no…, —se resistía.
    
    — Eres mi invitado, como tu padre es el invitado del mío…
    
    Así que salimos a la ducha rápida, nos duchamos rápidamente los dos a la vez, aunque era estrecho, nos secamos con la toalla que nos habían dejado y salimos al bar. Me encaré con el dueño:
    
    — ¿Qué le debo?, —pregunté.
    
    — ¿Habéis usado la ducha?, —me preguntó
    
    — Sí, —le contesté.
    
    — Son 10 euros, 7 de la ...
    ... habitación y 3 de la ducha.
    
    — Tome, quédese con el cambio, —le daba 20 euros.
    
    — ¿Qué te apetece tomar? Invita la casa, —dijo el caballero.
    
    — Algo fuerte para recuperar fuerzas, —contesté.
    
    Llamó a mi nuevo amigo Eduardo y nos sirvió dos whiskys. Lo tomamos y le dije al jefe:
    
    — Volveré, aquí me has tratado como a un rey.
    
    — Lo que desee su majestad, a su servicio, —me contestó de muy buen humor.
    
    Mientras íbamos hacia el hostal, Eduardo me preguntó:
    
    — ¿Qué le has dado para ponerlo tan feliz?
    
    — Solo 20 euros.
    
    — Con la mitad basta y todavía es caro…
    
    — Pero ¿no vale más tener a este hombre feliz y cuando vuelva me abrirá las puertas de par en par…?
    
    — Claro que sí, y si no hay habitación te da su propia cama, aunque saque de allí a la puta de su mujer.
    
    Me reí de la curiosidad que Eduardo había dicho y pronto divisé a su padre y al mío que esperaban mirando a todas partes.
    
    — ¿Qué es eso de… vosotros dos… juntos…?, —preguntó el tío Onésimo.
    
    — Por casualidad nos hemos visto, —dijo Eduardo— nos hemos presentado al saludarnos y de inmediato lo reconocí.
    
    — Ha sido una suerte —dije— y le he invitado a cenar en nombre de mi padre.
    
    — Has hecho bien, hijo mío, Eduardito trabaja como nadie y muy bien, siempre dispuesto. Vamos.
    
    Cenamos los cuatro y luego nos fuimos mi padre y yo a la pensión y Onésimo y Eduardo a su casa. Más veces fui, pero ya no iba a la fuente, sino al barucho de mierda, donde teníamos nuestra habitación y ducha a 20 euros con ...
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