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La tía necesitada y el sobrino complaciente
Fecha: 04/09/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... clase de pájaros para escapar del calor y descansar. Le bajé un poco las bragas. Estaban para tirar de tantas babas. Metí mi mano entre sus nalgas, con dos dedos toque su coño. Me salieron llenos de babas. Albina se quedó quieta, y me dijo: -Para, Enrique, para ahora y de esto no se entera nadie. -Tienes el coño cómo si hubieran llovido babas por él. ¿Me dejas ahora que te lo coma? -No. Sería una indecencia por mi parte, y yo soy muy decente. Le puse los dedos mojado de babas en los labios y cerró la boca. Volví a jalar su cabello, se los pasé por debajo de la nariz y después los chupé yo. Le besé el cuello... Saqué la polla, me eché encima de ella y la metí hacia abajo entre sus nalgas. Al tener las piernas cerradas rocé su coño y mojé la polla. Me dijo: -No sigas. Le cogí las nalgas con las dos manos y le pase la polla entre ellas cómo si fueran tetas. -Para, Enrique, para. Le pasé los cojones entre las nalgas y después froté la polla en el coño mojado y en el ojete y luego le lamí el ojete y le metí y saque la punta de la lengua. Albina ya tenía las manos libres y se podía dar la vuelta, pero seguía quieta con la cara apoyada en la hierba. Con voz dulce, me dijo: -Para, hombre, para. -¿De verdad quieres que pare, tía? -Sí. Sabía que no quería que parara porque echaba el culo hacia atrás cuando le entraba la punta de la lengua en el culo. Le pregunté: -¿Me dejas que te la meta en el culo? -No estaría bien. Le froté la polla ...
... en el ojete y le di dos cachetes en las nalgas. -¿Meto? -No. Le di otros dos cachetes y metí la punta. -Quita, quita. La quité, le di otros dos cachetes y se la volví a frotar en el ojete. -Meto. Ya se puso la soga al cuello -Solo un poquito, cómo antes. Le di dos cachetes más y metí la puntita otra vez. -¿Sigo metiendo, Albina? Ya se ahorcó. -Mete, pero despacito. Giré su cabeza con mimo. Besé sus labios, ella metió su lengua en mi boca, se la chupé y nos dimos un beso tan largo cómo húmedo, después del beso se quedó quieta cómo una muerta. Le metí el glande, repitió: -Despacito. Agarrando sus manos con las mías le follé el culo despacito al principio y a romper, sin piedad, cuando se puso a cuatro patas. Pasados unos minutos de "toma pirola, Manola", no pudo evitar comenzar a gemir, y no lo pudo evitar porque se estaba corriendo. Lo noté en que su ojete no paraba de abrirse y de cerrarse. Al cesar el tic-tac del culo, se la saqué y me corrí en la entrada de su coño. Luego le dije: -Quiero comer tu coño. -Come, cómelo hasta que me corra en tu boca. Me aparté y se dio la vuelta. Le subí la falda y le bajé las bragas hasta los tobillos. Le olí el coño profundamente un coño con una mata de pelo rizado que parecía un capo de helechos negros, y le dije: -Hueles a pecado, Albina. -Es que estamos pecando, Enrique. Me cogió la cabeza con una mano y me llevó la boca a su coño. -Huele bien. Flexionó las rodillas y se ...