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La tía necesitada y el sobrino complaciente
Fecha: 04/09/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... tuvo, lamí y mamé hasta dejar sus grandes tetas limpias, después me agaché y le lamí el coño mojado. Me dijo: -Haz que me corra otra vez, Enrique. La saludé poniendo la mano en mi sien derecha y le dije: -¡A sus órdenes, mi capitana! Le hice otra mamada de coño. Al rato, la capitana comenzó a dar órdenes. -Chupa más fuerte mi pepita -le chupé el clítoris cómo me dijo-. Lame... chupa... lame... lame... chupa... lame... más aprisa, mas... ¡¡Toma!! -dijo echando la pelvis hacia delante y corriéndose en mi boca. Me tragué sus jugos y me relamí. Después se puso a cuatro patas. -Dentro de mi chocho no te corras, pero para correrte dentro del otro sitio tienes mi permiso. Me acababa de decir que se la podía volver a meter en el culo, no, insinuó que le gustaba por el culo, fuera cómo fuera la cogí por la cintura y pasé mi lengua entre sus nalgas varias veces, después moví puntita alrededor de su ojete, que comenzó a abrirse y a cerrarse esperado que entrara dentro de él, y entró, y la quiso apretar y se le escapó, volvió a entrar y se le volvió a ...
... escapar..., y así estuvo el ojete largo rato queriendo comer cada vez con más ganas. Albina se puso tan cachonda, se folló el coño con dos dedos, Al ver lo que hacía le puse la polla junto a los dedos, la cogió la metió hasta el fondo, y me dijo: -Dame duro. La follé a romper. Sus dedos volaron sobré el clítoris y poco después, con sus piernas sacudiéndose y jadeando cómo una perra, se vino diciendo: -¡Pedazo de corrida! Baño mi polla y bailó con ella ritmos acompasados. Ahora te aprieto, ahora te suelto, ahora te aprieto... A duras penas pude aguantar. Nada más acabó le metí el glande en el culo y me corrí mientras mi polla iba entrando en él. Al acabar de correrme, y mientras nos vestíamos, me dijo: -Gocé cómo nunca, Enrique. Cogió tres billetes de mil pesetas que tenía doblados dentro de un zapato y me los dio. -Para que te sea más llevadera la mili. -El trato eran mil, Albina. ¿No echara en falta tu marido tanto dinero? -Ese anda borracho día y noche, no se entera de nada. -¿Y tus hijos? -Marta y Enrique no saben lo que tengo. Quique.