1. La profesora Melisa y su sombra


    Fecha: 17/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... recriminó. Cuando estaba con ella solía tomarse la libertad de despojarse de su lenguaje culto, y cuando se enojaba, no reparaba en usas palabras vulgares.
    
    — Papá, yo…
    
    — ¡Silencio! Vení acá. —le ordenó él.
    
    Melisa, temblorosa, fue a sentarse al lado de su padre. El profesor Gimeno acarició su cabello. En su gesto se mezclaban el amor y la decepción. Y había algo más. Algo aterrador que Melisa no se animó a definir.
    
    — Siempre terminás por decepcionarme.
    
    — No papá, yo…
    
    — Ahora voy a tener que castigarte. No me gusta hacerlo, pero es lo que hay que hacer con las nenas que se portan mal.
    
    — Pero papá, ya soy una mujer —Trató de defenderse ella, con la voz temblorosa.
    
    — Aprobando a todos sólo para no tener que trabajar en febrero… qué vergüenza —dijo el profesor Gimeno—. Y lo peor es que de verdad pensaste que te podías salir con la tuya.
    
    La agarró del brazo y la trajo hacia él.
    
    — Papá, me estás lastimando —susurró ella, confundida.
    
    Él hizo oídos sordos. Ahora apoyó su otra mano en la espalda de Melisa y empujó hacia adelante. Melisa cayó encima de su padre. Su cuerpo quedó sobre el regazo del profesor.
    
    De repente una fuerte nalgada azotó su glúteo.
    
    — ¿¡Qué hacés papá!?
    
    Por toda respuesta el profesor Gimeno le dio otra nalgada.
    
    — Vas a aprender a comportarte.
    
    La situación era una locura. ¿De verdad su papá había enloquecido y pensaba que aún era una niña? Por primera vez en su vida deseó que la otra Melisa ocupara su lugar. La ...
    ... situación era demasiado bizarra y vergonzosa. Melisa dedujo, horrorizada, que su mentalidad desequilibrada era hereditaria.
    
    Pero la cosa apenas había empezado. El profesor Gimeno bajó el short de Melisa, al mismo tiempo que su ropa interior. Su pomposo culo quedó completamente desnudo.
    
    — ¡Pero papá qué hacés! —exclamó. Pero no había pronunciado las palabras. Sus súplicas habían sido escuchadas. La otra Melisa, la sombra, había tomado su lugar, y ella observaba todo desde un espacio onírico.
    
    El padre azotó nuevamente sobre el culo desnudo. La otra Melisa, apática y silenciosa, recibía el castigo por ambas. Sin embargo Melisa también sentía el ardor en la nalga.
    
    El padre le dio otra nalgada, y otra, y otra. Melisa pudo ver cómo la monstruosa verga del profesor Gimeno se endurecía debajo del pantalón. Entonces el profesor, viendo que su hija estaba totalmente resignada a recibir el castigo que merecía, absolutamente inmóvil, con el rostro escondido, decidió aumentar el suplicio de la chica díscola.
    
    La agarró del cabello, obligándola a levantar la cabeza. Le metió un dedo en la boca y este se impregnó de la saliva de la chica. Acto seguido, apuntó el dedo al pequeño hueco oscuro y lo metió adentro.
    
    Melisa, desde las sombras, sintió el ardor de su ano al recibir el áspero dedo, que se metió casi por completo de un solo movimiento.
    
    Por fin empezaba a entender todo. La existencia de la otra Melisa no era casual. Horribles recuerdos reprimidos habían desencadenado la ...
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