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La profesora Melisa y su sombra
Fecha: 17/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... tirada en el suelo, y con ella se limpió el semen del muchacho. Ahora se concentró en Mateo. Agarró el tronco del chico y comenzó a masajearlo frenéticamente. Cerró los ojos, al tiempo que su lengua se concentraba en la cabeza del pene. El líquido preseminal ya salía en abundancia. Mateo profirió un gemido ahogado. La tomó del cabello con violencia y escupió toda la lujuria acumulada en su cara. Fue una eyaculación abundante. El semen tibio se deslizaba por su rostro de piel clara. Melisa sintió cómo aquella viscosidad se metía en su boca, cuando la otra Melisa comenzó a rejuntar todo el semen de su rostro para beber hasta la última gota. Los muchachos bajaron del auto e intercambiaron lugares con Carlos. Era su turno. Melisa vio, impotente, cómo su sombra se ponía boca abajo. “¡Por ahí no!”, quiso gritar, pero la otra Melisa ya estaba flexionando las rodillas, ofreciendo el culo a su alumno. Carlos lo comprendió a la perfección. No podía esperar menos de una profesora tan guarra que no dudaba en acostarse con tres hombres, y para más escándalo, todos ellos alumnos suyos. Le dio un beso negro con el que saboreó la perfecta y delicada piel. La lengua se frotó con fruición en el anillo de carne que hace de antesala al ano. Lo llenó de saliva. Luego le metió un dedo. A Melisa no le dolió. De hecho se sorprendió por la facilidad con que le entraron dos falanges. Sin embargo el sexo de Carlos no se asemejaba a un dedo. Melisa sintió el glande arrimarse, y creyó ...
... imposible que eso se hiciera lugar para meterse adentro. Pero Carlos no tenía treinta años en vano. Sabía tener paciencia y cuidado. Empujó apenas. El sexo no entró ni un poco, Melisa apenas sintió su ano dilatarse. Empujó de nuevo, y de nuevo. Su sombra gimió, y Melisa sintió cómo unos milímetros de dureza profanaban su culo. Lautaro y Mateo, sentados en los asientos delanteros, habían prendido las linternas de sus celulares para no perderse detalle de la escena. Carlos agarró las nalgas de la profesora, y las estrujó con violencia mientras hacía cortos movimientos pélvicos, y su verga, lentamente, se introducía cada vez más. Melisa sintió como si estuviese defecando, sin embargo, si bien era una sensación un tanto dolorosa, le resultaba agradable. A esas alturas ya se había rendido. No tenía sentido luchar contra su sombra. Lo mejor era dejar que pase el momento. Sus alumnos harían con su cuerpo lo que quisieran, y su sombra no pondría reparos en ello. Melisa escuchaba la respiración agitada de Carlos, y los sonidos de la masturbación frenética de los otros dos. De repente la otra Melisa hizo una jugada que jamás había hecho. Devolvió el control de su cuerpo a Melisa. La profesora se encontró ahora con la vista clavada en la ruta, desde donde se veían autos que circulaban, sin imaginar la escena que sucedía dentro de ese vehículo. Carlos le daba sus últimas embestidas. Ella gimió, y esta vez no podía echarle la culpa a su sombra, eran gemidos que salían de sus ...