1. La profesora Melisa y su sombra


    Fecha: 17/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... labios y de su alma. La verga de su alumno escarbando en su trasero la excitaban sobremanera. Melisa comenzó a masturbarse, se masajeaba el clítoris mientras el hombre hacía un esfuerzo por no acabar.
    
    Finalmente llegó al orgasmo. Un éxtasis desquiciante atravesó su cuerpo como un rayo. La profesora explotó en un grito salvaje con el que exteriorizó el placer que sentía. Carlos todavía estaba adentro suyo, pero viendo que Melisa ya había acabado, se sintió libre. Retiró su verga con cuidado y eyaculó en las carnosas nalgas de la profesora.
    
    Ella recogió su corpiño y se lo puso. La bombacha, que estaba manchada de semen, la tiró por la ventanilla. Alguien la encontraría y se preguntaría qué historia había detrás de esa prenda blanca de algodón.
    
    Se acomodó el vestido. Estaba muy agitada.
    
    — Si les digo que nunca hice esto, quizás no me creerían —dijo.
    
    — No tenés que explicarnos nada —contestó Carlos, que se acomodaba frente al volante.
    
    Los otros chicos se sentaron a su lado nuevamente. Melisa se preguntaba si querrían más.
    
    — ¿Podés borrar la foto por favor?
    
    — Claro, solo la saqué por puro morbo —dijo Carlos.
    
    Le mostró cómo eliminaba la foto, pero Melisa sabía que podría estar guardada en la nube.
    
    Carlos arrancó el auto. Se hizo un silencio unánime. Mateo y Lautaro, ya creyéndose con total impunidad, la manosearon durante todo el trayecto. Sus manos no paraban de meterse por adentro de su vestido.
    
    Cuando llegaron a su casa, ya estaban al palo de ...
    ... nuevo.
    
    — ¿Nos invitás un café? —aventuró Mateo.
    
    — No puedo dejar que nadie me vea entrando con tres alumnos. Papá vive cerca y los vecinos son muy chismosos —dijo Melisa.
    
    — Entonces podemos ir a otra parte —dijo Lautaro,
    
    — Déjenme ir, por favor.
    
    Los chicos, quizás intuyendo el estado bipolar en el que se encontraba la profesora, le abrieron la puerta y la dejaron ir.
    
    Ella entró a su casa. Se dio una ducha y se acostó, sin poder dormir durante las siguientes horas. Su cabeza especulaba sobre las consecuencias de lo que la había obligado a hacer la otra Melisa. Extrañamente no podía odiarla, jamás pudo hacerlo. Era una criatura solitaria que necesitaba liberarse cada cierto tiempo, y parecía conformarse con eso; como un perro que vivía confinado en el patio trasero de una casa y se ponía contento cuando el dueño lo sacaba a pasear una vez por día.
    
    Por más que diera mil vueltas sobre el tema, la conclusión siempre era la misma: Era imposible que los tres guardasen el secreto. Alguno iba a abrir la boca. Además, todos conocían a muchos otros estudiantes de la universidad, de los cuales una buena cantidad serían alumnos suyos. ¿Cómo podría pararse frente a la clase sospechando que todos conocerían lo que sucedió esa noche? La profesora Melisa enfiestada con tres alumnos. Vaya imagen que dejaría en esa institución donde su padre tenía una reputación intachable. ¿Y cómo reaccionaría él al entrarse? De sólo pensarlo, le dio escalofríos.
    
    Vaya puta en la que me ...
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