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La profesora Melisa y su sombra
Fecha: 17/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... convertiste, le dijo a su sombra. No obstante el recuerdo de aquella orgía hizo que se llevara la mano a la entrepierna. ¿Era la otra Melisa la que había movido el brazo? Se preguntó. Pero sabía que no era así. Era ella misma, la profesora, la obediente, la recatada, la que ahora frotaba su clítoris, mientras su sexo manaba abundante fluido al recordar la increíble culeada que le había dado Carlos, y las manos ansiosas de los otros dos, que se metían por todos lados. Melisa gimió, y por una vez entendió a la otra Melisa. Entendió su desenfreno, su rabia, su lujuria. Entendió que la felicidad no se encontraba en la autorrepresión, sino en el instinto. Siempre se sintió atraída por la voz gruesa y la mirada potente de Carlos. Siempre se sintió tentada de complacer al mocoso de Mateo. Muchas veces se imaginó siendo poseída y dominada por muchos hombres. La sumisión sexual le liberaba el alma. Melisa se humedeció la mano con la lengua, sintiendo el sabor de sus propios fluidos. Llevó de nuevo la mano a su clítoris. Las piernas se contrajeron; los muslos apretaron la mano; la espalda se arqueó. Se sacudió sobre la cama cuando alcanzó el éxtasis, con un grito orgásmico que sonrojaría a la puta más experta. …………………… Pasaron cuatro días. Carlos le había enviado varios mensajes, pero no contestó ninguno. Si bien le resultaba tentador un nuevo encuentro, necesitaría de la espontaneidad de la otra Melisa para aceptarlo. Además, el miedo seguía acosándola. Estaba segura ...
... de que la única manera de convencer a los tres alumnos de que guardase el secreto, era sobornarlos con su propio cuerpo. Sin embargo, ella nunca lo haría por su cuenta. Se había levantado tarde, cerca del mediodía. Como eran vacaciones no debía madrugar. Vestía un diminuto short deportivo y una remera musculosa vieja, prendas que usaba de pijama. Se sorprendió al ver a su padre en la sala de estar. El miedo la atravesó como una corriente eléctrica. ¿Tan rápido había corrido el rumor? Ni si quiera había clases. ¿Tan resentido estaba Carlos por no responder sus mensajes, que ya había contado lo que sucedió? Sin embargo, si bien el rostro de su padre reflejaba un enorme disgusto, no se veía lo horrorizado que debería verse al saber que su hija se había entregado a tres alumnos. — ¿De verdad pensaste que no me iba a enterar? —le dijo el profesor Gimeno, jefe de cátedra y eminencia universitaria. El hombre estaba sentado, con las piernas muy separadas, como era su costumbre. Tenía algunos kilos de más y era enorme. Una barba candado y el par de ojos azules, lo hacían lo suficientemente atractivo como para poder seducir a mujeres más jóvenes. Aunque su fama de erudito también ayudaban. — ¿Qué pasó pa? —preguntó Melisa. El profesor Gimeno agarró una carpeta llena de papeles que estaba sobre la mesa ratona. — Benitez, siete; Aristimuño, siete; Russo, siete… —leyó su padre— Estos exámenes ni siquiera merecen un cuatro. ¿En qué carajos estabas pensando? —le ...