1. Ceremonia de cuernos


    Fecha: 02/11/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Ferhaus, Fuente: CuentoRelatos

    ... mas fuerza del cabello y hundió hasta el fondo su portentosa tranca, soltándole la leche que inundo y corrió por las piernas de Ana María, que en ese momento también convulsionaba su cuerpo, alcanzando su décimo orgasmo de la noche. Sin necesidad de que me lo ordenaran, me arrodille al lado del sofá, y Rafael saco su tranca que aún se convulsionaba y latía, y la metió en mi boca hasta la garganta, mi lengua apenas podía envolver ese pedazo de carne para limpiarlo, pero trague lo que mas pude y al succionar la punta , salto un chorro de leche caliente, que aun guardaba en sus huevos, el que trague con algo de placer, que hasta yo me sorprendí por esa emoción desconocida para mi, luego volteé la cara y comencé a limpiar y sorber el resto de leche que fluía desde la vagina de mi esposa, hasta limpiarla por completo, quedando preparada para el siguiente trozo de carne.
    
    Y así se repitió con cada uno, hasta que producto del cansancio, y el alcohol, mas lo vivido, me quedé dormido y desperté acurrucado, con frío, en la madrugada, por los gemidos de mi esposa, que provenían de nuestro dormitorio, me levante y camine hasta la puerta y vi como todavía dos de mis amigos, seguían cogiéndose a mi esposa, uno estaba debajo y mi mujer sentada, estaba ensartada en el culo, mientras el otro la embestía por delante con ...
    ... gran violencia, y mi mujer moviéndose al ritmo de los hombres y con el pelo desordenado, entornaba los ojos en blanco y su cuerpo temblaba y se convulsionaba como poseído por una corriente invisible, que la llevaba hasta el paroxismo del placer, la hacía lanzar sonidos guturales que indicaban, que había alcanzado el orgasmo.
    
    Mire el resto del dormitorio y alrededor de la cama y sobre ella se encontraba el resto de mis amigos, cuyos cuerpos desnudos, descansaban durmiendo profundamente producto de la noche que habían vivido. Los dos hombres también habían derramado toda su leche en ambos agujeros de mi esposa, y ahora también descansaban sobre la cama, ignorando mi presencia.
    
    En un momento mi mujer se incorporó para ir al baño y nuestros ojos se encontraron, y contemple la belleza de su cara de satisfacción plena, de pronto lanzó una carcajada que rompió ese momento, al ver mi erección, entendí que ya la había perdido para siempre, y con una sonrisa socarrona se recostó y abrió sus piernas, como una invitación, a cumplir mi papel de cornudo sumiso, cuya labor sería de esa vez en adelante, lamer y limpiar la leche de otros machos, desde su panocha, lo que hice hundiendo mi cara en esa vagina que expelía una mezcla se sabores salados y agrios, pero que disfrute como si fuera el manjar más delicioso del mundo. 
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