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Tres relatos sin sexo
Fecha: 07/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... estar esperando. -Dijo él, sin dejar de acariciar su rostro, mientras la otra mano seguía jugando en las fronteras del pecado. -Te quería decir algo. –Dijo Carolina. -Qué. –Diego intuyó algo malo. -Tu amigo Agustín… Me está escribiendo. -¿Te está escribiendo? -Sí. Estamos hablando. -Te quiere coger. –Advirtió Diego.– Siempre me bromeaba con que cuando cumplieras dieciocho… -Creo que yo también… -¿También qué? –Inquirió él, sintiendo cómo los celos incontrolables lo embargaban. -También quiero que me coja. -No lo hagas. -Vos te acostaste con muchas amigas mías. ¿Yo no puedo? Qué machista. -Es distinto. –dijo él. Ahora la rodeó con ambas manos por la cintura. Los pechos de Carolina se apretujaron en su cuerpo. -¿Distinto? –Le susurró ella al oído. -A vos no te molesta. A mi sí. -¿Te molesta? ¿Y por qué? -Me dan muchos celos. –se sinceró Diego.– Si lo hacés con alguien tiene que ser con uno que no conozca. -Yo nunca te pedí algo así. –Acotó ella.– Además ¿Quién te dijo que no me dan celos? Ahora fue ella la que acarició la cara áspera de Diego. -Tendrías que afeitarte. –Le sugirió.– La cuarentena no es excusa para dejarse estar. -Mirá quien habla. –retrucó él.– ¿Es en serio? -Sí, tenés que afeitarte. –Contestó ella. -Lo de Agustín, boba. -No, no me gusta. Solo quería ...
... saber lo que pensabas. -Ahora lo sabés. Se quedaron mirándose un rato. Sus narices casi se tocaban. Las manos se entrelazaron. Su respiración se coordinó. Diego sintió que nunca podría alejarse de esa muchacha preciosa. Nunca podría vivir lejos de ella. La puerta se abrió, rompiendo la magia. -A ver quien me ayuda con las compras. –dijo la mujer que entró. Cargaba un montón de bolsas de supermercado llenas de mercaderías, y apenas podía con ellas. -Yo te ayudo ma. –dijo Carolina. Nunca le gustó que se le endilguen determinadas tareas solo por ser mujer, pero había sentido cómo el sexo de Diego comenzaba a hincharse, y si se ponía de pie, quedaría expuesto. -¿Conseguiste dulce de leche ma? –preguntó él, desde el sofá.- Acordate que a la tarde ningún supermercado va a estar abierto. -Sí, Diego. –Contestó la mujer, con cierta exasperación. Cuando terminaron de guardar la mercadería, Carolina se acercó a Diego nuevamente. Le dio un tierno beso en el ojo. -Voy a leer a mi cuarto. Avísenme cuando esté el almuerzo. -Ya les dije que tienen que evitar esos besos y abrazos. –dijo la madre.– Este virus no es ninguna broma. -Sí, ma. –dijeron los dos, al unísono. A las dos de la mañana, Carolina no podía dormir. Así que decidió ir al cuarto de Diego, para mirar una película juntos, como cuando eran chicos. Fin