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Recuerdos de un viejo desfasado
Fecha: 15/12/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... totalmente impresionado y que nunca me habían hecho nada parecido. Ella se rió y me contestó que a su marido era lo que mas le gustaba. Confesé que lo que me dejaba mal sabor de boca era que yo a ella no la había atendido en absoluto. Con una cierta sorna contestó que ya le gustaría, porque estaba excitada pero que no le era posible hacer nada porque estaba en fechas críticas y no quería tener un embarazo. Me di cuenta de que el momento era propicio para intentar un acercamiento y le insinué que ya encontraríamos alguna manera de que no corriera ese riesgo. Me miró intensamente y dijo que en su habitación estaríamos más cómodos. Subimos a su cuarto, que yo no conocía y resulto ser una habitación espléndida, con un gran ventanal, una cama enorme, varios muebles auxiliares además de una cama pequeña pegada a una pared, supuse era donde dormía su niño. El conjunto era muy discreto y armonioso. Lo primero que hizo fue bajar la persiana con lo que quedamos en una penumbra muy agradable. Se acercó a mi y me empezó a desnudar. Cuando terminó, me sentó en la cama, de la que había retirado la colcha, se puso delante de un espejo y empezó a desnudarse lentamente. Según se iba descubriendo mi sorpresa iba en aumento. Al despojarse de los ropajes negros que le deformaban la figura descubrió un cuerpo rollizo y de una ligera corpulencia en el que las formas aparecían armoniosamente enlazadas cosa que, en su apariencia habitual, era imposible adivinar. Especialmente ...
... me sorprendió la turgencia de su piel, blanquísima, la estrechez de su cintura y la rotundidad de sus caderas. La visión de sus nalgas, poderosas y firmes me dejaron estupefacto. Yo seguía sentado en la cama y con aquella exhibición del desnudo había vuelto a tener una erección de caballo. Se sentó a mi lado, me besó con todas sus ganas y me espetó: bueno, a ver que es lo que se le ocurre hacer! Por un momento me sentí inseguro, por aquel entonces mi únicas experiencias habían sido unas escasas visitas a profesionales que me habían dejado muy mal recuerdo. Así que me encontré con una mujer de bandera con la que no sabía como empezar. Vi que tenía que reaccionar para no hacer el ridículo y la coloqué tumbada boca arriba y comencé a pasarle la boca en sentido descendente. Tuve la fortuna de pasar la lengua por sus orejas lo que le produjo un estremecimiento tan evidente que me indicó que, sin pretenderlo, había encontrado uno de sus puntos críticos. Animado por el éxito imprevisto, seguí bajando lentamente por su cuerpo y al llegar a sus pezones les dediqué toda mi atención. Enseguida noté, por sus temblores que era también terreno propicio para insistir no sólo con la lengua sino también con los dientes, mordisqueándolos ligeramente. Su respuesta fue en aumento hasta que le di un respiro siguiendo mi viaje hacia el ombligo, en el que pasé casi sin detenerme para llegar hasta el pubis, en donde, de una forma intuitiva separe el abundante vello descubriendo un punto, ...