1. Recuerdos de un viejo desfasado


    Fecha: 15/12/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... que yo ignoraba que se llamaba clítoris, y que me pareció un elemento privilegiado. Me dediqué a darle lenguetazos, con mejor o peor estilo y sentí que ella se retorcia entre exclamaciones y suspiros. Sin perder el ritmo mi boca siguió trabajando intensamente su vulva al tiempo que mi dedo índice se movía lentamente en su interior. Yo notaba que su excitación iba en aumento y en un par de minutos me sorprendió un grito contenido y un estremecimiento exagerado.
    
    Nunca había sido espectador del orgasmo de una mujer, pero me pareció desmesurado. Ahora, casi sesenta años después creo que he visto pocos como aquel.
    
    Se quedó desmadejada respirando profundamente. Por un momento pensé que iba a quedarse traspuesta, pero a los pocos minutos se desperezó y se volvió hacia mi, sin decir una palabra cogió mi pene, que en la refriega había perdido su rigidez, se lo metió en la boca y me repitió la felación, esta vez más profunda y morosa que la anterior.
    
    A partir de aquel día todo cambió. Aunque aparentemente nuestro comportamiento seguía siendo el de patrona y pupilo, aprovechábamos todas las ocasiones para de una u otra forma retozar cuando estábamos solos en la casa.
    
    El sábado siguiente, en el que el niño se fue a casa de su tía a jugar con sus primos y el jubilado pasó la tarde jugando al dominó en el Casal, volvimos a subir a la habitación y esta vez me dijo que estaba a punto de tener la regla con lo que podíamos follar sin problema. Ni que decir tiene que estuvimos toda ...
    ... la tarde en la cama, yo perdí la cuenta de las veces que nos corrimos ambos, lo que sí recuerdo es que ella me dijo que mi pene era mucho mas largo y grueso que el de su marido. Yo entonces me sentí muy satisfecho. Tiempo después pude contrastar que mi tamaño era bastante normal por lo que llegué a la conclusión de que el marinero naufragado debía andar escaso de atributos. Como fuera, ella se sentía como una reina y día a día le fue cambiando el carácter. Se hizo más locuaz, se reía con frecuencia, y cambió su vestuario dejando a un lado sus lutos y vistiendo de forma mas alegre.
    
    Salvo en los ratos que podíamos estar solos, nuestra relación se mantuvo aparentemente sin variaciones. Nos seguíamos tratando de usted, manteníamos un lenguaje convencional y tratábamos de no dar ninguna señal de la vida privada que habíamos iniciado.
    
    En algún momento debimos cometer algún error o indiscreción porque una tarde en que estaba en la sala de estar con el otro huesped, el jubilado, él resolviendo crucigramas y yo estudiando, me miro con bastante sorna y me soltó: qué? Fot bé la Marieta, eh?. Yo me quedé cortado sin saber que decir, y sólo atiné a negar que supiera de qué estaba hablando; él, con una sonrisa guasona, insistió: ‘’home, estic sord però no ximple’’. Me pareció absurdo seguir negando así que hice un comentario evasivo y aparenté que me centraba en mi libro. El hizo lo mismo con sus crucigramas, si bien, antes musitó: ‘’Aprofiti, la Marieta és una dona collonuda’’
    
    A ...
«12...567...»