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Recuerdos de un viejo desfasado
Fecha: 15/12/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... partir de entonces el vejete no volvió a hacer la más mínima alusión al tema y se mantuvo en su papel distante y desinteresado que había tenido hasta entonces. Eso sí, yo ya quedé convencido de que pese a su papel de despistado y ausente era un hábil observador. Decidí esperar unos días para comentarle a ella esta incidencia, pero como vi que él no hacía ninguna otra alusión, preferí no preocuparla innecesariamente. Efectivamente, todo transcurrió con normalidad y no hubo necesidad de forzar la situación. Eso sí, a partir de entonces, tuve buen cuidado de no tener ningún descuido que pudiera evidenciar la tórrida relación que teníamos. Hubo un nuevo episodio que cambió nuestras prácticas. Con frecuencia ella me pedía que la penetrase desde atrás, lo que los clásicos llamaban ‘’a tergo’’. De esa forma ella manipulaba su clítoris y aumentaba su estimulación. Cuando estábamos en esa postura la vista de su trasero era tan apetitosa que de forma intuitiva se me escapó un azote. Yo me quedé un poco cortado porque no sabía si la había molestado. Curiosamente ella me pidió que lo repitiera. Lo hice y volvió a pedírmelo insistiendo en que le diera con más fuerza. Llegó un momento en que a mi me daba miedo causarle daño y dejar alguna señal pero ella siguió pidiendo que aumentara la fuerza de los golpes. Noté que su excitación iba en aumento y finalmente estalló en un orgasmo ruidoso e incontenible. Me quedé confundido y perplejo. Entonces yo no había oído hablar del sadismo ...
... ni del masoquismo y me pareció una rareza suya. Cuando se calmó, le pregunté si ya le había pasado lo mismo con su marido y me confesó que no, que era la primera vez que le pasaba y que los azotes le habían hecho perder totalmente el control. Es decir, de forma casual e imprevista ambos habíamos descubierto una práctica tan antigua como oculta: el sadomasoquismo; sin saber que existía desde hacía siglos. Durante el tiempo que seguimos juntos los azotes y los pellizcos en los pezones fueron una constante, y cada día ella se sintió más adicta a mezclar el placer y el dolor. Yo tardé muchos años en volver a encontrar a otra mujer con esa afición aunque entonces ya era una práctica si no popular sí reconocida. Pero eso ya son otras historias. Cuando llevaba un año en aquel destino me había acostumbrado a vivir aquella actividad sexual tan irregular y adictiva que ignoraba los inconvenientes que suponía vivir fuera de mi entorno y no ver ninguna proyección de futuro profesional. Puede decirse que estaba totalmente enganchado a aquella mujer, que, pese a nuestra situación tan particular seguía empeñada en mantener el tratamiento de usted sin ceder lo más mínimo en su empeño. No volví a insistir y me adapté de buen grado a su capricho, ya que no influía en absoluto en las efusiones cada vez más intensas que teníamos con creciente frecuencia. Me llegó una carta de mi padre en la que me decía que se había reunido con su amigo y con el Gerente de la Compañía, y le habían ...