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Habilidad familiar
Fecha: 30/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... una docena de veces —me parece que me la está limpiando— besa a Lena en la boca, como con respeto, sin urgencia sexual, y se marcha de la habitación sonriente. Creo que todo lo ha ordenado mentalmente Lena. Me tumbo junto a ella, quedamos enfrentados, y Lena coge mi paquete con su mano derecha, acariciando, apretando, mientras con la otra mano conduce mi cabeza empujándola hacia su pecho derecho. Empiezo a mamar de manera desesperada ese maravilloso pezón tieso y duro como un cristal, suave y apetitoso como el mejor de los manjares. ¡Cómo me gusta! No ha parado Lena ni un momento de acariciar toda la longitud de mi polla, sin prisas, pero manteniendo mi erección. Sonríe, me mira a los ojos, se levanta, se arrodilla poniendo una pierna a cada lado de mis caderas, alarga la mano para coger mi pene y lo lleva hasta la entrada del coño, volviendo a sonreír. Parece dudar unos instantes, pero se introduce mi polla, lentamente, tardando en bajar el cuerpo y en albergarla completamente entera. ¡Qué bueno! Apenas se mueve, simplemente oscila muy lentamente las caderas a derecha e izquierda y apenas arriba y abajo, de manera que noto la presión de las paredes vaginales, el calor que despiden, la mojadura de los muchos oleosos jugos sexuales, la comodidad que siente mi polla dentro de este coño. Ya lleva un rato Lena cabalgándome con un ritmo rápido, fuerte, subiendo y bajando sobre la tranca, sin dejar en ningún momento que salga de su chocho, pidiéndome que acaricie ...
... sus tetas y ayudándose ella con caricias en el clítoris con la mano derecha. Estoy en un sueño, pero las ganas de correrme aparecen como si fueran una marea incontenible que comienza en algún lugar de mi espina dorsal, sigue por el culo, la próstata, los huevos, el largo de la uretra y el capullo, eyaculando mi semen como si saliera a presión, muchos chorros que quedan en el interior de Lena, mi madre. Apenas he terminado cuando oigo como Lena da un grito sordo, muy ronco y también muy largo, durante bastantes segundos durante los que mi polla, todavía medio erecta, siente una serie de espasmos vaginales que acaban cuando Lena se tumba a mi lado y yo quedo dormido. Durante unos instantes no puedo evitar pensar que me gustaría meter mi polla en el culo de Lena. A lo mejor, luego, más tarde, tras descansar un poco. Despierto solo haciéndome una pregunta que anoche no me planteé en ningún momento ¿Me habrá controlado mentalmente mi madre? Yo creo que no, aunque no puedo saberlo realmente, mejor dicho, no sé por qué pienso que no me ha sugestionado para tener sexo con ella. No sé qué pensar. No le pregunto y jamás le he preguntado. Han pasado diez años desde lo que he contado hasta ahora. Mi madre y yo nos hemos establecido —puede que de manera definitiva— en una ciudad del norte de España a la orilla del mar, lo suficientemente grande como para que todo el mundo no nos conozca y pasemos desapercibidos en nuestras actividades cotidianas. Lena ha abierto una gran ...