1. Habilidad familiar


    Fecha: 30/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... ensalivados, con las lenguas enfrentadas en una batalla en la que recorren ambas bocas completamente.
    
    Ana es una mujer bastante alta, delgada pero fuerte, con cabello castaño más bien oscuro, con algunas hebras rubias, que lleva en media melena ondulada hasta el final del cuello, peinada con raya en el medio. En su atractivo rostro destacan los grandes ojos marrones, brillantes, vivos, inteligentes, una nariz romana y una boca grande de labios gruesos de un suave tono rojizo. Casi nunca se maquilla, apenas carmín rojo cuando queda conmigo para salir y la raya del ojo del mismo color amarronado de sus cejas. A menudo dice que le gusta ser discreta y no llamar la atención, pero me parece imposible porque es guapa y tiene un cuerpazo.
    
    Desnuda gana bastante, con un par de tetas impresionantes, grandes, altas, separadas, picudas, terminadas en pezones cortos y gruesos de un color marrón rojizo, rodeados de areolas del mismo color, sin forma, como una gran mancha que se difumina. Es un verdadero escándalo cuando va sin sujetador y se le notan esas maravillas, con un movimiento elástico casi imperceptible que es una excitante locura.
    
    Su espalda me gusta mucho, recta, musculada, de piel de un bonito color tostado, de forma triangular, hasta llegar a la alta cintura, de donde salen unas caderas grandes que contienen un culo alto de nalgas alargadas, anchas, duras, separadas por una apretada larga raja que se adivina del mismo color de los pezones.
    
    Muslos fuertes y piernas ...
    ... delgadas, largas, bonitas, perfectamente esculpidas, mantienen todo el edificio de este cuerpo fabuloso, que bajo el abombado estómago descubre un pubis con una densa mata de vello castaño oscuro, que apenas arregla por los bordes, pero que no es capaz de ocultar los anchos e inflamados labios vaginales, de un bonito color rojizo amarronado, y la especialmente llamativa zona del clítoris, que fuera de su capuchón, en erección, es largo y grueso como una polla de casi tres centímetros. Tremendo. Me pongo ciego comiendo y mamando ese clítoris agradecido, que le proporciona unas corridas increíbles a Ana.
    
    No sé la razón, pero me suele gustar empezar tumbándome en la cama sobre mi lado derecho, enfrentando mi cuerpo al suyo, besando su boca y pasando enseguida a ocuparme de los pezones. Me pone a mil por hora mamarle esos tiesos y duros pezones mientras mis manos amasan suavemente las tetas durante un buen rato, durante el que noto como se centra en acariciar mis huevos, a veces un poco demasiado fuerte, y la polla en toda la extensión de la tranca.
    
    Habitualmente, el primer polvo que echamos suele ser con ella arriba, cabalgándome a su gusto, eligiendo la velocidad, el ritmo y los movimientos, llevando la iniciativa, ordenándome las caricias que quiere en sus tetas y en el clítoris… hasta que tiene una corrida larga, sentida, escandalosa por el grito ronco y fuerte que da, durante muchos, muchos segundos, durante los que mi polla recibe todo tipo de apretones, suaves, pero ...