-
El viejo conserje (Capítulo IV)
Fecha: 26/05/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: drwite, Fuente: CuentoRelatos
... algunos muebles. Mi padre se acercó antes de que mi madre se retirara. Quiso hablar con las dos, pero ninguna aceptó escucharlo y se fue luego de que mi madre se despidiera de nosotros. Después de ese incómodo momento, seguimos disfrutando de nuestra fiesta y nos olvidamos de todo lo malo – al menos yo lo tuve que hacer -. Bailamos diez piezas lentas a petición mía. Adoro la fricción que nuestros cuerpos provocan cada que nos movemos con intimidad y me la pasé besándolo hasta el cansancio. Filomeno no dejaba de sonreír por mis muestras de cariño, las cuales se avivaron en cierto momento de la noche y para ese entonces él se desinhibió casi al mismo nivel que yo, pero cuando se puso a besarme el cuello y a susurrarme palabras de amor mientras acariciaba mi vientre, me hicieron saber que era hora de marcharnos a nuestro hogar. Ya solos en la casita, dimos rienda suelta a la pasión. Con prisa nos desvestimos y por las ansias de sentirnos, nos saltamos los juegos previos y fuimos directo al acto sexual. Debido a lo grande que es mi vientre, la única posición cómoda para hacer el amor es “de perrito”, sin embargo, la posición no es lo que importa, sino lo que siento al estar unida a Filomeno. Cada vez que mete su grueso pene en mi vagina, miles de agradables descargas eléctricas azotan mi cuerpo y mi mente entra en un éxtasis tan placentero que incluso siento que estoy en el paraíso. Nuestros gemidos eran escandalosos y los sonidos que nuestros sexos hacían al chocar eran ...
... tan ruidosos que estaba segura de que podían escucharse hasta donde seguía la fiesta, pero para nosotros lo único que importaba era saciarnos del cuerpo del otro. Duramos mucho moviéndonos con desenfreno. Las callosas manos de Filomeno se pasearon por todo mi cuerpo, pero fue mi vientre el que más atención recibió, además de que era el que tenía el privilegio de recibir caricias suaves y tiernas. - ¿Sabes? – dijo agitado y sin dejar de moverse en mi interior – cada vez que miro tu hermoso vientre, no puedo evitar sentir una gran felicidad y orgullo al recordar que fui yo quien colocó la semilla que le dio vida a este pequeño que crece dentro de ti – lamió mi oreja y besó mi hombro desnudo – sé que no debería sentirme tan orgulloso de haberte marcado como mía al embarazarte, pero es que cuando se trata de ti, no puedo evitar ser egoísta y en lo único en que pienso es en lo afortunado que he sido al ser a quien le reglaste tu virginidad y por sobre todo, que me permitieras experimentar mi sueño de ser padre. Quería responderle con palabras igual de pasionales, pero la excitación se elevó tanto que un gran orgasmo me atacó con la fuerza de un tsunami y sólo pude sujetarme de sus brazos para evitar caerme al suelo. Una vez que el orgasmo disminuyó, Filomeno siguió susurrando en mi oído. - ¡Cómo me gusta mirarte tener un orgasmo! tu vagina humedece mi gordo pene y gracias a eso puedo adentrarme más en ti – dio una fuerte embestida y sus testículos se pegaron en mis nalgas ...