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Francis
Fecha: 06/06/2023, Categorías: Gays Autor: campero, Fuente: RelatosEróticos
... al extasis haciendome soñar de placer. Con sus caricias y su boca habia acumulado gota a gota la leche en mi polla y sus dedos fueron la gota que colmó el vaso. Me derramé. Recogió toda mi leche en su boca y se la tragó, golosa, no hizo falta que me lavara, su lengua dejó mi polla completamente limpia. Era un experto, no sólo poniendo el culo para que me lo follase, además hacia unas mamadas de lujo. Ese invierno Francis se ocupó de mis calenturas, estuvimos casi seis meses follando como locos. La ceremonia se repitio muy a menudo, yo llegaba cuando estaban a punto de cerrar, siempre me recibia con una sonrisa y cerraba la tienda. Nos quedábamos dentro hasta que el señor de las barbas, la joroba, el peluquín y la pipa se despedía y nos dejaba solos. Francis tenía varias batas, de diferentes colores y estampados. Pero en algunas ocasiones volvió a ponerse la roja. Como en un código secreto me indicaba que ese día además de los dulces besos y las suaves caricias queria algo más, la bata roja despertaba mi lado más salvaje y su actitud más sumisa. Un día descubrí adonde se iba el señor de las barbas. Como ya he dicho una de las paredes tenía una gruesa cortina de lado a lado. Un día, vi cómo se movía la cortina ...
... y lo supe. Aquel viejo chivo se la pelaba como un mono, mirando a través de alguna rendija en la cortina como Francis y yo follabamos como locos. Un día al comienzo de la primavera, tras conocer el secreto de Angelo, me recibierón con frialdad, no me sonrieron ni me ofrecieron que me sentara y sentí a Francis lejos de mi. Nuestra historia de amor habia terminado. Aprendí que un culito tragón puede dar más placer que un chocho seco y que la mamada de un hombre al que le guste tu polla es mejor que la de una mujer a la que le guste tu cartera. Aprendí que lo importante es tener el carajo bien duro y lleno de leche, no quien o como te lo ponga tieso y te ordeñe. Aprendí a disfrutar y a desear y a compartir el placer con mi pareja, sea hombre o mujer. Esa primavera me maté a pajas recordando mis polvos con Francis. Al pasar los años volvia a aquel pueblo de tarde en tarde y muy ocasionalmente veía a Francis. No volvimos a tener sexo. Alguna vez incluso me acercaba a saludarle y él, muy educadamente respondía a mis saludos e incluso me invitaba a tomar algo en la terraza del bar más cercano. Teniamos un secreto a medias y en la complicidad de nuestras miradas recordabamos la bata roja y la intima pasión compartida.