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Pequeños matices pueden cambiar el curso de tu vida
Fecha: 12/06/2023, Categorías: Confesiones Autor: Lara, Fuente: CuentoRelatos
... estaba tremendamente contenta de que Tomás hubiera vuelto de viaje, a pesar de todo le quería como nunca había querido a nadie y nuestras manos no paraban de acariciar nuestros cuerpos mojados, besos y preguntas de sorpresa como el que hacia allí, no podía pensar en esos momentos en otra cosa más que en Tomás, todo lo demás se había esfumado como arte de magia, su pene que me golpeaba entre los muslos continuamente que yo ahora lo hacía subir y bajar entre mi mano, Tomás me besaba una y otra vez el cuello diciéndome que me deseaba y lo mucho que me había echado de menos y a pesar de que yo sabía que allí de donde venía tenía una amante, una rubia de bote de esas despampanantes con la que se acostaba, estaba feliz de tenerlo nuevamente y de que me dijera esas cosas al oído. Me arrodillé en aquel suelo mojado y empecé a subir y bajar mi mano por su pene, le miraba cuando empezaba a metérmela en la boca, a lamer su glande bajo la lluvia mojándonos a los dos por igual, su pene llenaba mi boca y se deslizaba despacio hasta mi garganta, salía y lo mordisqueaba con mis labios pasando la punta de mi lengua por el contorno de su glande, le veía disfrutar, le veía gemir con sus manos sobre mi cabeza llevando el mismo ritmo cuando otra vez su pene desaprecia en mi boca, me gustaba verle así, me gustaba chupársela porque sabía que le encantaba y sin embargo algo dentro de mí empezaba a cambiar, me acordaba de la rubia de bote y no podía más que sentirme desplazada y segundona. Es ...
... cierto que nuestra relación siempre fue muy abierta, ninguno de los dos tendríamos que dar explicaciones por un momento o una noche de lujuria, pero no es más cierto que lo habíamos hablado y los dos estábamos de acuerdo en dar un paso más en nuestra relación y ser los únicos, que yo fuera suya en exclusiva y el mío, pero parecía que le costaba y yo sin embargo lo estaba consiguiendo a pesar de mis deslices cibernéticos, quizás y solo digo quizás, a partir de ese momento en que me sentí traicionada una vez más, con su pene en mi boca cerré los ojos y empecé a imaginar otra vez, imaginar que ese pene que me estaba comiendo era ese que tanto anhelaba tener por una pantalla de ordenador, ese pene que despertó a la gata dormida que tenía dentro aquella noche cuando le envié una fotografía, mis ojos cerrados y ya solo estábamos él y yo debajo de la lluvia de mi ducha, en esos momentos Tomás se había ido. No sé cómo explicarlo, ya no era un sueño en que me imaginaba su pene penetrando en mi vagina, no estaba físicamente, pero estaba, es como si hubiera invadido el cuerpo de Tomás, le sentía allí conmigo, aquellas pocas líneas habían calado en mí y le habían introducido dentro del cuerpo de mi novio, ahora el que sujetaba mis caderas con sus manos mientras yo abría un poco las piernas apoyando mis manos en la pared de azulejos de piscina, ahora era él y su pene el que merodeaba mi vagina y me empezaba a follar. El agua caía sobre mi espalda, los gemidos al sentirme penetrada ...