1. El desahogo de una esposa frustrada


    Fecha: 05/07/2023, Categorías: Confesiones Autor: Arandi, Fuente: CuentoRelatos

    ... caderona, pa’qué negarlo, y gracias a ello llamo mucho la atención. Y de verdad, cuando voy de compras al mercado de la colonia son habituales los chiflidos y los “piropos” que más de un hombre me hace, y sino por lo menos no dejan de mirarme los muslos y las caderas. Cada que salgo a la calle puedo sentir esas miradas escudriñando mi cuerpo, y no voy a negar que lo disfruto. Sentir ese placer de llamar la atención, siendo honesta, me gusta.
    
    Pero se los juro, desde que me casé nunca le fui infiel a mi marido, a pesar de todo, por lo menos hasta que aquello pasó.
    
    Un día, mientras llevaba a mis niños al karate, me topé sorpresivamente con Adela. Ella y yo habíamos sido muy amigas desde la secundaria, sin embargo nuestra amistad terminó cuando la descubrí teniendo relaciones sexuales con Guillaume. Él era un chico sin duda atractivo que desde que lo conocí me cautivó. De ascendencia extranjera, destacaba de los otros chicos que conocía en aquellos años no sólo por ser muy guapo, sino por lo que más me fascinaba, su notoria madurez. Obvio me hice su novia y quedé prendada de él. Era el hombre de mi vida, soñaba con casarme con él algún día; no necesitaba a nadie más. Pero me llevé la amarga sorpresa de encontrarlo chingando con mi mejor amiga. Luego de pelearme con ambos nunca más les hablé. No quise saber más de ellos, me habían traicionado.
    
    Por mucho tiempo culpé a Adela incluso de haber terminado casada con Joel, ya que luego de mi ruptura con Guillaume tuve sexo ...
    ... con muchos por despecho; lo hacía casi con cualquiera. De tal forma que entre sexo y sexo quedé embarazada de él, Joel, todo un pelmazo quien ni conocía bien ni mucho menos amaba. “De no haber sido por ella —me decía— hubiera sido tan feliz con Guillaume”.
    
    Por tanto en ese instante que la volví a ver traté de hacerme la disimulada, no quería ni dirigirle la mirada. Hice como si no la hubiese visto, pasé de largo. Sin embargo Adela vino directo a mí llamándome por mi nombre, así que no tuve más remedio que reconocerla. Me saludó como si nada, como si no hubiese ocurrido nada entre nosotras.
    
    Adela me invitó a tomar algo y yo no supe cómo negarme así que fui con ella mientras mis niños estaban en su clase.
    
    “Vaya que han pasado los años, pero tú sigues igualita”, me dijo cortésmente.
    
    “No digas eso, soy mamá de dos, no puedo seguir igual. Pero tú sí que te ves muy bien”, le respondí. Y la verdad es que su apariencia era digna de pasarela. Lucía un traje sastre elegante cuya blancura le daba altivez a su esbelta figura. Yo vestida del diario me sentí apocada ante su elegancia.
    
    Luego nos pusimos al tanto de nuestras respectivas vidas. Le comenté que estaba casada y que mis hijos tenían seis y once respectivamente.
    
    “¿Y tú... te casaste?”, le pregunté con miedo a su respuesta, pues temía que ella y Guillaume hubieran terminado juntos.
    
    “Sí, estoy casada”, me respondió.
    
    Pero para mi tranquilidad me comentó que se había casado con un hombre llamado Santiago, un ...
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